La importancia de la educación artística para formar una sociedad mejor

Soledad Ortiz de Zevallos es una artista circense y trapecista formada en Perú y Bélgica que además enseña cursos de arte a niños de primaria en un colegio de Lima. En esta entrevista exclusiva para 3Love, conversamos sobre los principales aprendizajes que obtuvo en su formación y su trayectoria artística, sobre la importancia de la educación del arte en el contexto de la escuela, las competencias que ayuda a desarrollar el arte en los niños y la necesidad de cultivar el arte en tiempos de crisis y pandemia.

Soledad Ortiz de Zevallos es una artista circense y trapecista formada en Perú y Bélgica que además enseña cursos de arte a niños de primaria en un colegio de Lima. En esta entrevista exclusiva para 3Love, conversamos sobre los principales aprendizajes que obtuvo en su formación y su trayectoria artística, sobre la importancia de la educación del arte en el contexto de la escuela, las competencias que ayuda a desarrollar el arte en los niños y la necesidad de cultivar el arte en tiempos de crisis y pandemia.

 

Te has formado como artista circense en el circo de La Tarumba en Perú y también en la Escuela Superior de Artes Circenses en Bélgica. Cuéntanos cómo transformaste esa pasión en una profesión.

 

Se fue haciendo casi naturalmente. Cuando tenía 3 o 4 años ya mencionaba el circo en mis juegos y les decía a mis papás que quería ser artista de circo. Cuando tenía casi 7 años, me metieron a los talleres de La Tarumba y me seguí enamorando del circo, hasta que a los 15 años La Tarumba tenía un proyecto piloto de Escuela Profesional y me invitaron a ser parte de la primera promoción. Me sirvió muchísimo, todos los días de la semana iba a entrenar y seguí con la idea de hacer de eso mi profesión, terminé el colegio, postulé a esa escuela de Bruselas y me quedé allí estudiando.

 

¿Qué te llamó la atención de los diferentes cursos que pudiste llevar en la escuela de Bruselas y que te fueron formando de manera integral como artista?

 

Es una formación plural e integral y eso es lo que yo tenía ganas de hacer, de meterme en una escuela que me diera la posibilidad de pensar no solamente la profesión del artista de circo como alguien que hace trucos increíbles, sino también un creador, alguien que piensa su arte, alguien que está todo el tiempo investigando y a la vez pensando en su rol como artista. Es una escuela que tiene muchas horas de técnica, pero también teníamos clases de historia del circo, historia del arte, teatro y danza que te abren la mente a que el circo justamente te da la posibilidad de prestarse a otras artes.

 

En tu labor como trapecista has estado de gira por distintos países de Europa y también en Perú. ¿Qué retroalimentación solías recibir de los niños que veían tus espectáculos?

 

Hice muchos espectáculos de calle en Europa. En Perú hice espectáculos de carpa con La Tarumba y ahora último más proyectos personales de circo en teatros y espacios cerrados. Son espacios muy distintos. He hecho espectáculos específicamente para niños y te sientes una estrella de rock, porque el público infantil es desinhibido, no tiene ninguna necesidad de quedar bien con el que está al costado; entonces vive, siente, se expresa, es honesto. Los niños tienen esa linda mirada que es muy rica.

 

Actualmente eres docente en el colegio Aleph en Perú. ¿Qué tal es la experiencia de enseñar arte a niños?

 

Desde que tengo 15 años soy profesora además de artista y para mí, eso es algo que yo concibo como parte de la profesión del artista, creo que en Latinoamérica, por las condiciones más complicadas al ser artistas, el que actúa, enseña. Enseñar a otros te enseña también en tu rol de artista y en tu rol de aprendizaje individual. Cuando llegué al colegio Aleph, venía de esa experiencia previa y empecé dictando clases de circo. Poco a poco fui entrando más en la lógica del colegio, que le da la posibilidad a cualquier curso o clase artística de meterse más allá de la técnica o en este caso de enseñar solamente circo, de pronto yo escuchaba lo que se estaba haciendo en tutoría y decía: “Desde el circo se puede pensar el concepto de equilibrio”. Es la primera vez que yo les enseño a niños desde una perspectiva mucho más de una artista y es mucho más enriquecedor porque le estoy diciendo a los niños: “Lo que estamos haciendo es una creación artística”.

 

También enseñas cursos que están relacionados con una profundización en la Historia del Arte.

 

En el colegio Aleph tenemos algo llamado Profundización, que son proyectos de investigación teórica y, en general, corresponden a un curso, en mi caso es el de Historia del Arte y el título que yo elegí es Artes en Pandemia. Los alumnos son chicos que tienen entre 10 y 11 años. Ha sido un reto porque es una edad en la que todavía son niños, pero ya tienen la capacidad y la posibilidad de ser muy finos con su manera de mirar el mundo. Creo que el objetivo es hacer que sean personas sensibles al arte, yo creo profundamente como artista que mientras haya más artistas o personas que les guste el arte, que consuman arte, que exploren todo lo artístico, seríamos una sociedad mejor. Creo que el arte transforma, nos ayuda a ser mejores seres humanos, a vernos y observarnos de otra forma; el arte llega directamente a las emociones. Entonces mi objetivo es que estos niños sean curiosos. Creo que lo artístico está muy vinculado con ser curioso de lo que te rodea, cómo es la realidad a tu alrededor, ver diferentes cosas, ampliar tu panorama.

 

¿Cuáles son los principales beneficios de la educación artística en la formación de los niños en la escuela?

 

Un colegio que incluye el arte dentro de su currículo le da la posibilidad al niño de entrenar su curiosidad, estar todo el tiempo mirando, escuchando, probando cosas que después justamente le sirven para prestarle más atención a otras clases. Algo que hace el colegio donde trabajo es que las diferentes clases pueden conectarse. Si por ejemplo en la clase de física están viendo el peso, las formas o el equilibro de ciertos objetos, ¿por qué no de pronto llevarlos al especio del circo y probarlo de verdad, con el cuerpo? Creo que el arte en la educación te permite hacer y entender haciendo. Es muy importante escuchar al profesor, pero también es importante probar con tu cuerpo y con tu voz, es importante usar más sentidos. Considero que el arte es estar atento a todos tus sentidos.

 

¿Qué competencias personales y habilidades permite desarrollar el arte en los niños?

 

Por ejemplo el trabajo en equipo, el saber escuchar a los demás, el saber resolver en grupo es algo que es importantísimo en el circo y de manera general en el arte. Te voy a poner una metáfora del mundo del circo. En la acrobacia tenemos dos roles fundamentales: el que carga y el que es cargado. Y a mí me encanta pensar que eso es un aprendizaje de vida. Y los niños juegan a cargarse entre ellos, a hacer que el otro confíe en ti y después cambiar de roles: no siempre estar arriba, poder estar abajo y poder soportar. Son aprendizajes que te dan humildad, que logran hacer que veas que hay que resolver las cosas desde diferentes roles. Después también individualmente desarrollas la confianza en ti mismo, para vencer tus miedos. No sabes la cantidad de aprendizajes para la vida que transversalmente se dan en una clase de circo, te enseña disciplina y perseverancia.

 

¿Cómo consideras que el arte contribuye a unir a la humanidad en un contexto de pandemia donde la gente ha estado en su casa y los espectáculos públicos se han visto interrumpidos?

 

Porque uno canaliza muchas frustraciones y sensaciones de miedo e incertidumbre. Cuando todos hemos estado encerrados en casa, hemos consumido mucho más arte, de pronto hemos redescubierto una buena lista de música o un buen libro, etc. El arte para mí es necesario para el ser humano, entonces siempre es bueno en tiempos de crisis. Y justamente por eso creo que hay que luchar para que el arte se considere una profesión esencial. El arte mejora el planeta. Siento que lo bueno en todo esto es que vamos a revalorizar el espacio público en el aspecto artístico. Cuando tú ves algo con gente que no conoces a tu alrededor, tienes un vínculo que se crea en ese momento. Esa es la magia de las artes escénicas, conectar a cientos de personas que están juntos en ese mismo espacio, que aplauden y se siente una vibración. Eso en tu casa, solo en tu computadora, obviamente no lo tienes. Y cuando termine la pandemia, es importante que, con todos los protocolos, volvamos a eso porque ahora estamos muy solos y les tenemos miedo a los otros, entonces necesitamos volver a sentir que somos comunidad. En ese sentido, creo que el arte une.

 

Por: Juan Carlos Ugarelli

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