Cindy Díaz es es una reconocida actriz peruana de cine, teatro y televisión. Recientemente se estrenó en los cines la película “La niña”, que representa su primer papel protagónico en el Perú. En esta entrevista para el blog de 3Love, conversamos sobre su experiencia como profesora de teatro para niños, el valor de enseñarles a trabajar en equipo y la importancia de la educación artística para desarrollar el potencial de los pequeños.
Hace poco has dictado un taller para niños y niñas llamado “Jugando a Actuar”. Cuéntanos cómo conectas el teatro y el juego en tus clases.
Para mí es muy impotante que los niños entiendan que esta no es una clase parametrada ni estructurada. Por lo general, el niño viene con la estructura del colegio, sacar el cuaderno, aprender de memoria o que haya cierto horario, etc. Y por lo general ellos también piensan que van a entrar a mi taller, les voy a dar una hoja y les voy a decir: “Apréndete esta escena, eres tal personaje y listo”. Entonces, ellos tienen que entender que actuar significa jugar y crear en equipo. Ellos comienzan con ejercicios que los vaya acercando, que los vaya familiarizando, para después hacer grupos en donde, a través de ejercicios, comiencen a crear sus primeras escenas. Esas escenas van volviéndose cada vez un poco más complejas hasta llegar a la clase final, en donde todos juntos arman una sola obra, un cuento, lo que ellos quieran. Todas las clases ellos crean sus propias historias. Para la clase final ya están acostumbrados, porque desde la primera clase han venido creando, entonces, yo veo cómo llegan, con miedo, con un poquito de inseguridad y cómo la última clase ya se sienten expertos. He tenido niños con TDH, con un nivel bajo de autismo y que la mamá me ha llamado para decirme que tenga más paciencia, que lo anime a hablar y yo he tenido que decirle a la mamá: “Yo no veo nada raro en su hijo. Su hijo actúa, su hijo habla, su hijo está con todos”. Y la madre se queda impresionada. Como profesora de niños yo no les impongo nada, todo el tiempo les hago preguntas para que ellos solos terminen de descubrir su personaje y si no tienen algo, no pasa nada. Con lo que hay, se hace. Para nada los complejizo en el sentido de hacerles sentir que algo les falta, sino más bien que creen con lo que tienen. Entonces, me gusta cómo terminan el taller empoderados porque finalmente eso lo continúo con los papás. Los papás se me acercan al final y me dicen: “Gracias” y yo les digo: “No, gracias a ustedes, primero por confiar en el taller y segundo confíen en ellos, ellos saben más de lo que ustedes creen”.
¿De qué manera el teatro ayuda a los niños a desarrollar sus capacidad de comunicación, su confianza en sí mismos, su autoestima?
Es un espacio en donde ellos se sienten libres de hablar, de ser escuchados, de no ser juzgados y de contar sus propias historias. Es un espacio en el que ellos llegan sin tareas, se van sin tareas y lo único que tienen que hacer es jugar y contar algo. Entonces, vienen con diversas ideas y son escuchados, son retados en el sentido de: “Y ahora cuéntalo de esta manera”. Y luego voy complejizando más la dinámica. Entonces, se sienten cada vez más capaces porque sienten que van superando algo y yo creo que si desde niño desarrollas la capacidad de sentir que has logrado algo, entonces más adelante eso es fundamental para vencer obstáculos, se te queda en el inconsciente. Hay algo dentro de ti que dice: “Yo soy capaz, yo puedo, porque alguna vez lo hice”. Entonces, así desarollas gente capaz de resolver.
¿Por qué consideras que es importante la educación artística desde temprana edad?
Es el momento en el que más vulnerabilidad hay en el ser humano. Hace poco estuve en el campo y había una vaquita que estaba embarazada. Y yo dije: “Sí, pero ahorita da a luz y la vaquita se va a parar y se va a ir a comer pasto o va a ir a pedirle leche a su mamá”. En cambio el ser humano necesita de un adulto por mucho tiempo. Entonces, desde esa etapa de vulnerabilidad hay que darles un espacio seguro en el que se conozcan y en el que aprendan, porque el teatro y el arte también son una manera de que ellos se conozcan. Y así van a convertirse en seres humanos con más habilidades.
En tu caso, ¿cuándo fue que descubriste tu pasión por la actuación?
A los 12 años, yo lo decidí cuando estaba en el colegio. Ya había actuado antes en una escena de Don Quijote de la Mancha, yo era la esposa de Sancho Panza y la escena trataba de que Sancho Panza regresaba a su casa con Don Quijote después de una de sus aventuras y aparecía mi personaje a gritarle, a increparle que él se ha ausentado y yo he tenido que dedicarme a hacer todo sola en la casa. Ya desde allí ya me daban papeles fuertes. Me acuerdo que les encantó, porque lo presentamos frente a todo el colegio y todo el mundo me dijo: “Muy bien Cindy”. Ese fue el detonante para que yo diga: “Sí puedo actuar”.
¿Qué desafíos te ha dado ser profesora de actuación para niños?
La primera vez que me propusieron dictar teatro para niños dije: “Ay, no”, porque uno tiene la idea que no está muy alejada de la realidad que los niños hacen bulla, que todos quieren llamar la atención y recuerdo que el primer taller que dicté tuve una nilña con problemas de violencia, le pegaba a los compañeros. Yo me sentía corta de herramientas para poder manejar la situación. Entonces, conversé con un compañero que tiene mucha más experiencia que yo dictando clases para niños y me dijo: “El arte es una gran oportunidad para estos niños”, porque muchas veces los papás meten a los niños al taller para que hagan algo, para que se queden una hora allí. Entonces, esa hora es la oportunidad para ellos de encontrar un espacio en el que no les llamen la atención, en el que no los hostiguen o en el que alguien los escuche. Cuando mi compañero me dijo eso, activó algo en mí. Lo vi desde otra perspectiva. Entonces, ya no lo vi como: “Ay, dictar para niños, qué pesado”, sino más bien: “OK, vamos a trabajar con ellos”. Y entonces cuando yo me cambié el chip es cuando vi todo el potencial que tenían y yo me sentí orgullosa de ellos. También es muy importante demostrarle seguridad a los niños porque si el niño te ve tranquila y segura, ellos también lo estarán.También creo que el uso del lenguaje, de las palabras y las estrategias, les hace sentir que ellos toman la decisión. Si ellos quieren ensayar, es su decisión. Si ellos quieren hacer un buen trabajo, es su decisión. Entonces le quitas al niño el pretexto de decir: “No, mi mamá me dijo, mi papá me dijo, mi profesora me dijo”, sino más bien los haces sentir que ellos tomaron la decisión.
Y por otro lado, ¿cuál es la mayor satisfacción que te ha dado el ser profesora de actuación?
La satisfacción más grande es que el grupo sea unido. Que hayan logrado unirse para crear una sola escena no es fácil. Yo siento que yo aprendí en el camino, ya de grande, a crear en conjunto. No es algo que en mi colegio me hayan incentivado porque en el colegio todo es la nota, la calificación. Entonces, aprovecho el espacio del teatro para hacerles ver a los niños la importancia de escuchar al compañero, de crear juntos y cómo juntos pueden hacer algo bien. Entonces, le quito esto de: “Yo saqué más nota, el otro sacó más nota”, porque creo que finalmente luego nos llevamos eso al trabajo, ya de adultos, y no aprendemos a hacer un equipo y creo que los países más desarrollados son los que aprendieron a ser un equipo.
