Fanny M. Cornejo es una bióloga y conservacionista peruana. Es fundadora y Directora Ejecutiva de la Asociación Civil Yunkawasi. Es un referente en el estudio de los primates y en particular, del mono choro de cola amarilla. En esta entrevista para el blog de 3Love Inc. conversamos sobre su pasión por la biología y por los primates, así como la labor que realiza en favor de la conservación de la naturaleza y las especies amenazadas, lo que le ha valido diferentes reconocimientos internacionales, como el Emerging Conservationist Award.
Eres bióloga de profesión. ¿Qué te motivó a estudiar esta carrera profesional?
Muchas gracias por el interés y por el espacio para poder compartir lo que venimos trabajando. En realidad, fue una suma de factores lo que me motivó a estudiar biología. Por un lado, era la curiosidad permanente que tenía y sentía hacia el mundo natural, hasta estar con mis papás viajando por las carreteras del Perú y estar viendo la diversidad de ecosistemas. Todo eso me generaba muchas preguntas. Mis papás son ingenieros geólogos y había mucho interés por parte de ellos de ir aprendiendo más sobre el mundo natural y me mandaban a leer enciclopedias. Entonces, yo estaba muy pendiente de los nuevos descubrimientos, porque eso fue durante los años 90, cuando yo estaba creciendo, donde todavía no había internet ni la disponibilidad de información. Yo estaba en esos años en el colegio y comenzaron a salir todas las investigaciones de genética humana. Fue la primera vez que se saca el genoma humano. Y a mí se me metió en la cabeza, seguramente lo vi en algún programa o lo leí en algún lado, que quería ser ingeniera genética. Resulta que en Perú no había esa carrera, pero encontré que quienes hacen genética pueden ser médicos o biólogos. Lo que yo tenía claro desde siempre era que yo quería estudiar en la Universidad de San Marcos, entonces, el tema era qué carrera estudiar: medicina o biología. Mi papá me llevó a las facultades de Medicina Humana, Medicina Veterinaria y Biología, a preguntar y ver qué estaba pasando. Fue muy interesante. De Medicina Humana salí de la morgue traumada. De Medicina Veterinaria también, fue muy chocante ver a los animales que tenían allí en los laboratorios. También veía que son carreras muy loables y de servicio, pero mis intereses iban más por las preguntas, por responderlas con la investigación. Entonces, recuerdo que cuando fui a la Facultad de Biología, estaban los estudiantes que tenían pequeñas peceras con diferentes insectos y plantitas. Y me contaban que estaban estudiando cómo se reproducían estas mosquitas. Entonces, me pareció divertido una carrera donde te haces preguntas y luego tú mismo diseñas cómo responderlas. Allí dije: “Esto es lo que quiero estudiar”.
Has dedicado gran parte de tu trayectoria a estudiar y luchar por la conservación del mono choro de cola amarilla. ¿Cómo nace tu amor por esta especie?
Luego que decidí estudiar Biología, mis papás fomentaron que pueda hacer voluntariados en diferentes lugares. Entonces, yo ni comenzaba mi primer día de clases en San Marcos, pero ya estaba inscrita y aceptada como voluntaria en el Parque de las Leyendas, para poder aprender lo que hacen allá los biólogos. Allí pasaron varias cosas. Lo primero es que me tocó cuidar a una monita bebé que se llamaba Fica, una mona aulladora roja y eso generó mil preguntas en mí: ¿Por qué tenemos a una monita bebé? ¿Qué pasó con su mamá? Todo eso despertó en mí el interés en el tema del tráfico de fauna silvestre que yo no sabía que era un problema, yo era una adolescente de 16 años. Luego, en esa época ya había internet, ya podíamos buscar cosas, pero no había casi nada de información. Todo lo que había sobre monos aulladores eran estudios que se habían hecho en Centroamérica o en otras partes del continente, pero casi no había estudios en Perú. Eso me generó muchas preguntas, de por qué nadie está haciendo nada por los monos en Perú y de repente eso es algo que yo podría estudiar. Luego, cuando estaba en clases en la universidad, como yo era muy adicta a estar leyendo y buscando, encontré un libro que en ese momento era el único que había y que se llama “Primates del Perú”, de los profesores Rolando Aquino y Filomeno Encarnación, ambos profesores de San Marcos. Ese libro tiene un montón de información sobre los primates del Perú, que en esa época se creía que eran 32 especies, ahora sabemos que hay casi 50 especies de primates en nuestro país. Somos el quinto país del mundo con mayor diversidad de primates. Entonces, encuentro este libro y de pronto encuentro un mono del que yo nunca había escuchado, que era el mono choro de cola amarilla. Y en ese libro había un espacio de 5 líneas dedicada a la especie. Decía que estaba en peligro crítico de extinción, que era extremadamente raro y se encuentra únicamente en los bosques montanos de Amazonas y San Martín. Entonces, eso me pareció muy loco, porque los bosques montanos quedan en la montaña. Cuando hablamos de monos, en la cabeza de casi todos creo que pensamos en selva, plano, verde, calor. Pero los bosques montanos quedan en la sierra, este es un mono serrano, de altura. Es un mono de montañas frías, no de un terreno plano y caliente. Entonces ahí comienza mi curiosidad por esta especie casi mítica que se creyó extinta por mucho tiempo y en 1974 lo redescubrieron, entonces entre el 74 y los 2000 como que había muy poca información, había unos cuantos artículos. Entonces, yo empecé a soñar: “Esto es algo que yo puedo hacer, de repente me voy a las montañas a buscar a ese mono”. Luego, tuve la oportunidad de trabajar mucho en selva baja, cuando era estudiante participé en varios proyectos con los profesores que habían escrito el libro. Y empecé a trabajar con monos, pero en la Amazonía. Allí adquirí mucha experiencia. Y un día me llaman por teléfono a preguntarme si es que quiero hacer un estudio con el mono choro de cola amarilla. Acabé mis clases y a la semana me fui a Pedro Ruiz Gallo, en Amazonas, para hacer uno de los primeros estudios del mono choro de cola amarilla. No me imaginé que iba a ser tan frío o tan montañoso, tan espectacularmente complicado, son bosques muy empinados. Encima es un bosque de nubes, está totalmente rodeado de nubes todo el tiempo. Cuando vi al mono choro de cola amarilla fue un momento cinematográfico, había niebla y un poco de luz, y se veía un montón de siluetas de los monos que andaban, entonces, le daba un aire de misterio. Creo que recién después de varios días fue que no había tanta neblina y los pude ver, porque lo que yo veía al inicio eran siluetas que andaban de un lado para otro, pero en ese momento quedé enamoradísima de ellos y quise hacer de todo por ellos. De cierta forma fue algo natural y dije: “Tenemos que hacer algo”. Entonces, obviamente me quedé a hacer algo y ya van a ser 20 años desde que ocurrió ese momento.
Por tus labores de conservación del mono choro de cola amarilla has obtenido el Emerging Conservationist Award, presentado por Indianopolis Prize. ¿Qué representó este premio para ti?
Fue un momento muy extraño. No esperaba recibir un reconocimiento tan pronto. Yo esperaba que se dé en algún momento, pero más adelante, no tan pronto. Entonces, por un lado, sentí un espaldarazo de que estamos haciendo las cosas bien. El trabajo que yo realizo actualmente es con la organización Yunkawasi, que la fundó mi mamá conmigo en el año 2007, con el objetivo de trabajar la conservación desde el territorio, lo cual ahora todo el mundo habla de eso, pero en 2007 cuando se fundó, hablar de trabajar desde el territorio con la gente local de una forma inclusiva, de una forma horizontal, de una forma empática, quizás eran conceptos no tan claros como se tienen ahora. Es decir, se refiere a diseñar un proyecto juntos, con gente de una comunidad y con gente de Yunkawasi y poner objetivos en común y ver que haya un resultado, es algo que puede sonar lógico, pero en la vida real no es tan frecuente, y el objetivo de generar un cambio de comportamiento, porque en este mundo de conservación de la naturaleza lo que queremos generar en términos simples es un cambio de comportamiento, es que la gente aprecie más la naturaleza, que la gente quiera invertir en proteger bosques. Es un cambio de comportamiento, desde la persona que cultiva hasta la persona que consume. ¿Entonces, cómo provocar un cambio de comportamiento? Es súper difícil. Es como la película “Inception”, cómo tú le metes una idea a alguien y cómo haces que la persona se apropie de esa idea. Entonces, esa metodología que con mi mamá empezamos a hacer con una comunidad campesina y ver después de casi 15 años que las cosas empezaban a tener resultado, fue algo increíble. El premio me lo dan por la trayectoria hasta ese momento y el potencial a futuro, por eso se llama Emerging Conservationist Award. Yo estoy muy orgullosa de lo que mi equipo y yo hemos logrado. Esa comunidad con la que empezamos ahora tiene la Asociación de Conservación Oso Dorado, en la que participan hombres y mujeres, pero en este momento la lideran mujeres que han pasado de ser beneficiarios de un proyecto a ser socios, a trabajar de igual a igual. Ahora el financiamiento no entra por Yunkawasi, entra directamente a ellas. Entonces, ahora tenemos mujeres campesinas que muchas veces no han tenido la oportunidad de acabar sus estudios o de estar expuestas a diferentes experiencias y que ahora utilizan una computadora, usan Excel, se conectan a reuniones de Zoom, pueden ir a otro país a dar una presentación y contar su historia, y están teniendo ideas para escribir proyectos. Entonces, haber logrado eso es algo que me da muchísimo orgullo. Este premio y los demás que vinieron reconocen ese trabajo y fue lindo porque nos dio la esperanza de que estamos haciendo las cosas bien y estamos teniendo resultados. Y encima en un tema tan abstracto, como la conservación de la naturaleza o los pueblos indígenas. Esto nos mantiene con la esperanza de que hay que seguir y que no queda otra que creer en lo que estamos haciendo.
Junto a tu mamá fundaste la ONG Yunkawasi, que trabaja para la conservación de especies amenazadas. Cuéntanos un poco de las labores que hace esta institución.
Nosotros trabajamos enfocándonos en cuatro ejes. El primer eje es el desarrollo socioeconómico. Primero parte de querer entender que Perú es un país pluricultural, tenemos casi 50 pueblos indígenas diferentes y que además no existen bosques vacíos. El concepto de una Amazonía prístina donde la mano del hombre no ha llegado, eso no existe. El Perú está lleno de gente por todos lados, hay pueblos originarios por todos lados. Un dato que me encanta compartir es la domesticación del cacao. Hace 8 mil años había peruanas y peruanos con la suficiente tecnología y sofisticación de sociedad para poder domesticar a un fruto que básicamente ha cambiado el mundo, que es el chocolate. ¿Quién en este planeta no conoce el chocolate? Somos un país con mucha historia, identidad y cultura. Entonces, partiendo de eso sería una locura pensar en que se tiene que proteger la naturaleza y no pensar en la gente que vive en y de la naturaleza. Además, todos los problemas de la naturaleza no los causa la gente que está allí, sino lo causa la gente que demanda recursos, gente como tú y como yo, que estamos en ciudades, gente que usa cosas. Entonces, una de las cosas clave para poder hablar de conservación y hacerla de manera real y hacerla con justicia es justamente el desarrollo social y económico que debe ocurrir en esos lugares. Nosotros trabajamos con las cadenas de valor de cacao, de café, de productos lácteos, de tubérculos andinos, de textiles, artesanías y arte indígena.
El segundo eje que tenemos es el de gobernanza y conservación territorial. Una de las grandes cosas que como país tenemos que hacer es ordenar cómo usamos el territorio. Un ejemplo que me gusta utilizar es pensar de dónde viene el agua de Lima. Tú le preguntas a cualquier persona de dónde viene el agua de Lima y te dice del caño. ¿Y el agua de caño de dónde viene? De la Atarjea. ¿Y la Atarjea de dónde viene? Del río Rímac. ¿Pero el río Rímac de dónde viene? Esas zonas de donde viene el agua que nosotros utilizamos no son visibles para nosotros y, por ende, no es visible en el dinero que nosotros podemos pagar en el recibo de agua. Nosotros no pagamos para que se proteja el lugar que da origen al agua del río Rímac. Nosotros pagamos para que el agua la limpien en la Atarjea y luego la metan a un tubo, la vuelvan potable y la lleven a tu casa. Pero nosotros no pagamos por la producción de esa agua. Entonces, en el imaginario de un montón de gente, eso no está en nuestro esquema mental. O sea, está el río Rímac que atraviesa la ciudad, pero no está la montaña donde nace el nevado o la laguna. Y eso es una parte importante que tenemos que conservar para que haya agua. Entonces, ese concepto lo podemos llamar gestión territorial, cómo vamos a ordenar el territorio. Si esa zona produce agua se tiene que proteger. ¿Cómo se protege, con qué normas, con qué leyes? ¿De qué forma se zonifica para que se pueda proteger? Entonces, nosotros trabajamos en ese nivel, pero en entornos de sitios de alta biodiversidad, ayudamos a que se creen áreas protegidas, o si ya existen, que se puedan gestionar bien. O si trabajamos con pueblos indígenas, que se puedan generar herramientas de ordenamiento territorial para poder provocar que los espacios más importantes se cuiden, por ejemplo, espacios que producen agua, espacios de suelo fértil, que los espacios productivos produzcan bien mediante un plan de inversión que puede ordenar cómo trabajamos. Y esto obviamente tiene que venir sustentado con alguna normativa. Entonces, trabajamos a nivel de políticas públicas para poder provocar esto. Una de las políticas públicas más bonitas que sacamos hace dos años fue la ley del mono choro de cola amarilla. Trabajamos de la mano con la congresista Ruth Luque, fue una iniciativa multipartidaria, que vino con la coautoría de 27 congresistas. Es una ley que da un marco para poder trabajar temas de ordenamiento territorial como creación de áreas protegidas o además provocar que haya más inversión pública en temas de conservación por parte de los gobiernos locales.
Como tercer eje, tenemos la investigación e innovación. Es la recopilación y reconocimiento de saberes ancestrales. Por ejemplo, trabajamos con Indecopi para que esto se pueda reconocer y al mismo tiempo generar información científica, pero no de una forma extractivista, sino de una forma en la cual trabajamos con la gente local, para fortalecer sus capacidades para que ellas y ellos puedan obtener los datos junto con nosotros. Ahora tenemos un programa de monitoreo del mono choro de cola amarilla, con comunidades campesinas del norte del Perú, en Amazonas, donde la gente local recoge la información. Ellas y ellos ya saben trabajar con drones, cámaras fotográficas, saben qué dato sacar, saben en qué época del mes ir. Es hermoso porque no es algo que ellos ya no sepan ni por qué lo hacen, sino que ellos ya lo entienden. O sea, es todo un proceso complejo de cambio de comportamiento y nosotros aún seguimos apoyando como repositorio y para poder analizar los datos. Es una brecha que esperamos ir cerrando en los próximos años para que ellos también puedan liderar estas acciones.
Finalmente tenemos el eje de educación y comunicaciones para la conservación. A nivel educativo trabajamos a nivel formal, es decir, nosotros buscamos que se inserte en la currícula educativa las diferentes acciones que realizamos. Junto con los pedagogos de la UGEL nosotros generamos las herramientas adecuadas para que luego capacitemos a los docentes y luego ellos lo apliquen en el aula. De esa manera se genera la sostenibilidad a largo plazo. A nivel no formal, trabajamos con los programas de educación y ciencia ciudadana de las municipalidades que lidera el Ministerio del Ambiente. Allí hemos hecho varios clips educativos y es un efecto multiplicador muy bonito, con una herramienta de gestión. Luego, en Comunicaciones, el concepto es democratizar el acceso a la información para todo el mundo y, al mismo tiempo, poder hacer que la conservación se vuelva mainstream, que no se piense como algo sectorial, sino que se vuelva algo importante para todos como sociedad. Entonces, hemos trabajado por ejemplo la campaña “Achórate por el mono choro de cola amarilla” o también hemos realizado diferentes acciones como documentales que se han hecho con la gente local para poder contar sus historias. Tenemos dos documentales que aún no se han estrenado, sobre el mono choro de cola amarilla y sobre una comunidad quechua huanca que se entera que tiene el mono choro de cola amarilla. Son historias contadas desde la gente con estas metodologías participativas. Somos un equipo como de 30 personas y estamos trabajando en Amazonas, Junín y Ayacucho. En todos los proyectos que hacemos intentamos que esos cuatro ejes de alguna forma se toquen, se documente la información, se haga de forma participativa, que se busque además que tenga beneficios para la gente local, que sea sostenible a nivel de diferentes normativas que le pueden dar legitimidad y longevidad a la iniciativa. Y por todo esto que te he contado el slogan de Yunkawasi es “Conservación para la gente”.
¿Qué les dirías a los niños y adolescentes que aman a los animales y que desean dedicar su vida a luchar por su conservación y cuidado?
Yo imagino que si hay una niña o un joven que quiere dedicar su vida a la conservación es porque ya han desarrollado una cercanía a los animales. Vivimos en un mundo muy desconectado de la naturaleza. Creo que una parte muy importante es cómo podemos lograr de que se devuelva esa empatía, o sea, pensando en entender el cuidado de una plantita, el cuidado de un animalito, de una gallinita que pone huevos, pequeñas cosas simples que realmente van a generar esa cercanía con la naturaleza, porque crecer en una ciudad gris como Lima, rodeado de paredes, te desconecta bastante y luego es difícil de grande volver a buscar esa conexión. Si ya se ha generado esa empatía, fantástico, pero una parte clave es que se genere y que estemos orgullosos de este país que tiene una diversidad cultural tan fantástica que es el Perú. Entonces, otra siguiente recomendación sería el conocerlo. Estamos en un país en el que aún podemos encontrar especies nuevas para la ciencia, un país donde tenemos una infinidad de lenguas que todavía no se han documentado. Tenemos un montón de tradiciones, de costumbres, de prácticas que todavía no se conocen. Entonces, creo que conocer lo que tenemos es fundamental. También creo que, en particular, la niñez y la juventud van a atravesar tiempos muy complicados. Estamos pasando muchos puntos de quiebre serios con el cambio climático, los diferentes niveles de contaminación y el cambio de biodiversidad. Y quizás esta generación de jóvenes y niños que hay ahora van a ser quienes enfrenten el vivir con un mar sin peces, en un mar donde no te puedes bañar o que van a vivir con agua potable de difícil acceso. Creo que, si ese es el futuro que no se desea tener, esas voces son muy importantes, porque van a heredar este planeta con todas las crisis. Entonces, creo que aquí necesitamos mucha determinación y mucha garra para poder elegir cuáles son las batallas pequeñas o grandes que van a tener que enfrentar en particular la niñez y la juventud para poder asegurar que tengan un planeta decente y justo donde existir. En este mundo acelerado y, en particular, cuando estamos ahora con el celular todo el tiempo mirándolo sin levantar la cabeza, es particularmente necesario parar un poco y reflexionar.
