“En vez de pensar en lo que no pueden hacer los niños con discapacidad, hay que brindarles oportunidades, eliminando barreras”

En marzo de 2022, se realizó la inauguración del taller de cocina “Juan Diego S. Martínez” en el C.E.B.E. “San Francisco de Asís” en Lima, Perú. Como en 3 Love Inc. fuimos partícipes de la campaña de recolección de fondos y la implementación del taller, volvimos a este acogedor centro educativo para conversar con la directora Cristina Miranda y la hermana Luzvinda Domínguez sobre los aprendizajes y los avances que se han logrado en estos primeros meses de funcionamiento.

Entrevista a Cristina Miranda, Directora del C.E.B.E. “San Francisco de Asís”

 

¿Cómo evalúa estos primeros meses de funcionamiento del taller de cocina “Juan Diego S. Martínez”?

 

Este taller ha contribuido a seguir desarrollando en nuestros jóvenes todas las actividades y habilidades del pre taller, para que en el futuro puedan tener ingresos y puedan contribuir con dinero tanto para ellos como para sus familias; y así sentirse valorados y útiles. Las profesoras han empleado mucho el taller. Además, los productos que se realizan allí son semanales, se venden aquí, entonces también han desarrollado habilidades de matemática, autonomía, desenvolvimiento, comunicación integral y también les ha dado un poco más de soltura. Veo que se están empoderando.

 

¿Cuál ha sido la reacción de los alumnos y alumnas, así como los padres de familia, tras participar en este taller?

 

Ellos están muy contentos, porque ven que están haciendo una actividad que les gusta y que es interesante. Hay todo un despliegue: tienen el uniforme que para ellos es una referencia cuando tienen que ponerse su mandil y su gorrito, hay una rutina que también se ha establecido que es importante para ellos. Luego que elaboran los productos, los venden a todo el personal del C.E.B.E. o algunos familiares. Y esto también es el inicio de algo que queremos que vaya siendo más grande, a futuro tenemos como proyección abrir una ventanita en la Avenida Surco y poner allí los productos. Entonces sí es algo que los motiva mucho, tanto a ellos como a la comunidad educativa, quienes vemos los frutos.

¿Cuál ha sido el principal reto para los estudiantes al volver este año a las aulas y a las clases presenciales?

 

Desde luego la pandemia fue difícil para todos. Creo que para nuestros alumnos fue doblemente duro vivir la pandemia, ya que la mayoría proviene de lugares de bajos recursos, donde sus familias a veces no tienen muchas posibilidades económicas para llevarlos a algún sitio para recrearse o donde puedan desarrollar alguna actividad social o cultural. Han pasado mucho tiempo dentro de sus casas y los ambientes donde ellos se desenvuelven suelen ser pequeños. Entonces primero ha habido un trabajo socio-emocional con ellos, que lo han trabajado tanto las psicólogas como las profesoras de aula y también todo el equipo disciplinario, ha habido un trabajo con la familia también. Los chicos han ido retornando a sus rutinas en el colegio. Al inicio ha habido un tiempo de adaptación con el tema del horario, primero les dimos mucha flexibilidad porque tenían que controlar nuevamente el tiempo desde que salían de sus casas hasta que llegaban. A la entrada, había protocolos de bioseguridad que debían cumplir. Entonces, todo eso era algo nuevo para ellos en el colegio. Hubo un entrenamiento y después todo fluyó, se ha desarrollado bastante bien. Algo muy emotivo para nosotros era que los niños anhelaban y nos decían “Estoy feliz de venir al colegio”. Creo que ha sido positivo en todos los sentidos. Sí ha habido todo un trabajo de parte de las profesoras y de parte de las familias, que ha dado buenos resultados.

 

¿Cómo surge en usted la vocación docente?

 

Desde que era pequeña, me gustaba enseñar y compartir. Sentía que los niños podían seguir desarrollando muchas cosas cuando uno le ponía ganas y creatividad al hecho de compartir lo que tú sabes con otros. Cuando llegué a trabajar a este colegio, fue más lo que los chicos me enseñaron que lo que yo di por ellos. Al tener discapacidad visual, de pronto yo escuchaba que decían “Miss, eres alta” y yo les preguntaba “¿Cómo sabes que soy alta?”. Respondían: “Es que tu voz la siento que viene de arriba”. Entonces ellos asocian algunos elementos del entorno y crean una representación. Considero que eso es lo más importante: hacer felices a las personas que están en nuestro entorno, a los niños y a sus familias también, ofrecerles un lugar donde puedan tener dignidad, donde puedan desarrollar muchas cosas y todo aquello que de repente alguna vez sus papás llevados por un diagnóstico pensaban que sus hijos tal vez no iban a lograr, pero llegan aquí y se encuentran con un equipo de profesionales que les pueden ofrecer oportunidades. Más allá de pensar en qué no pueden hacer, hay que brindarles oportunidades eliminando las barreras, porque hay muchas barreras. Creo que la primera es la actitudinal. A veces hay personas que dicen: “Pero ¿cómo va a ir al colegio si no ve o no camina?” Y son prejuicios. Son cosas que tienen algunas personas incorporadas desde generaciones anteriores y se va transmitiendo. Por ejemplo, estuve llevando un diplomado y una profesora dijo: “Me han llenado el salón de niños autistas”. Cuando tú trabajas en esto, eso te suena duro, porque es el derecho de estos niños a la educación. Uno tiene que prepararse, pero por sobre todas las cosas uno tiene que tener una buena actitud y entender que no les haces un favor, sino respondes a esa necesidad como ser humano.

 

Cuando los estudiantes con discapacidad visual terminan su formación académica y algunos acceden a una educación técnica o superior, ¿cuáles son los principales empleos en los que ellos y ellas suelen desempeñarse?

 

Cuando solo tienen discapacidad visual, sea ceguera o baja visión, empiezan en el C.E.B.E. San Francisco y luego hacen inclusión educativa, entonces se van a escuelas de educación básica regular, algunos entre tercero y sexto de primaria, después continúan la secundaria y luego muchos optan por la música, también hay locutores, abogados, masajistas. Recientemente han consultado si podían ser catadores de café. También he visto que hay varias chicas que están estudiando psicología. Aquí nosotros preparamos a los chicos para la vida, aunque la vida se vive día a día y allí es que vas aprendiendo, pero aquí están los primeros años de vida, luego van creciendo y aquí también se les da herramientas a ellos y a sus familias, porque cuando a los padres les dan la noticia de que un niño con discapacidad viene en camino, no es fácil al inicio. Viene un tema de aceptación y de decir “¿Qué voy a hacer? ¿Ahora dónde voy a ir?”. Y luego cuando tocan las puertas del colegio, se dan cuenta que no era tan difícil como ellos pensaban, que así como ellos hay otras familias que comparten sentimientos parecidos y que también tienen hijos con características muy parecidas y que aquí encuentran un hogar que responde a esas características.

 

Al conocer de cerca a los niños y niñas con discapacidad visual, ¿qué crees que nos hace falta como sociedad para integrarlos y empoderarlos más?

 

Nos hace falta conocer todas las cosas de lo que ellos son capaces y entender que es una cuestión de derechos, que todos tenemos derecho a tener una vida digna, a desarrollarnos de acuerdo a nuestras características, a ser respetados en la diversidad. En los seres humanos cada uno es diverso y nos hace falta ser más empáticos y más respetuosos.

Entrevista a Hermana Luzvinda Domínguez, de la Congregación de Hermanas Franciscanas

 

Cuéntenos cómo trabaja la Congregación de Hermanas Franciscanas en este centro educativo.

 

Este año estoy acompañando en la tutoría del colegio. Se va trabajando a través de la gestión. El lema que nos caracteriza es “Hacer siempre el bien”, entonces todos vamos empoderándonos para llegar a la paz y el bien. Si nos damos cuenta, los niños ya están formados en ese camino. Entonces si nosotros trabajamos para hacer siempre el bien, los niños van a estar felices.

 

¿Cuáles son las principales enseñanzas de San Francisco de Asís que se llevan a cabo en este colegio?

 

El primer valor es el sentido de fraternidad. Aquí todos nos queremos, todos somos hermanos. Esa es la principal labor que las hermanas han ido sembrando, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís. Y también se enseña el cuidado de la naturaleza. El ambiente tiene que ser presentable para los niños, para que ellos se sientan contentos en todos los ambientes donde se relacionan. Esos dos valores son primordiales, así como la alegría, porque ellos tienen que disfrutar de todo lo que vienen recibiendo. Y creo que es el testimonio que los mismos niños van dando. Cuando tú les preguntas cómo están, están felices, se quieren entre ellos, en este colegio no existe bullying. Las profesoras también se quieren y hay un buen clima laboral. Eso ayuda muchísimo a que la educación sea más fluida y que nuestro lema de “Hacer siempre el bien” se haga realidad. El bien lo hacen no solo las hermanas, sino también los laicos y los bienhechores, como 3Love, el Club de Leones y otras entidades que nos van apoyando. Entonces el bien se hace entre toda la sociedad y eso es lo que quisiéramos que se amplíe a todos los colegios.

 

Entrevista realizada por Juan Carlos Ugarelli

"En vez de pensar en lo que no pueden hacer los niños con discapacidad, hay que brindarles oportunidades, eliminando barreras"

Entrevista a Cristina Miranda, Directora del C.E.B.E. “San Francisco de Asís”

¿Cómo evalúa estos primeros meses de funcionamiento del taller de cocina “Juan Diego S. Martínez”?

 

Este taller ha contribuido a seguir desarrollando en nuestros jóvenes todas las actividades y habilidades del pre taller, para que en el futuro puedan tener ingresos y puedan contribuir con dinero tanto para ellos como para sus familias; y así sentirse valorados y útiles. Las profesoras han empleado mucho el taller. Además, los productos que se realizan allí son semanales, se venden aquí, entonces también han desarrollado habilidades de matemática, autonomía, desenvolvimiento, comunicación integral y también les ha dado un poco más de soltura. Veo que se están empoderando.

 

¿Cuál ha sido la reacción de los alumnos y alumnas, así como los padres de familia, tras participar en este taller?

 

Ellos están muy contentos, porque ven que están haciendo una actividad que les gusta y que es interesante. Hay todo un despliegue: tienen el uniforme que para ellos es una referencia cuando tienen que ponerse su mandil y su gorrito, hay una rutina que también se ha establecido que es importante para ellos. Luego que elaboran los productos, los venden a todo el personal del C.E.B.E. o algunos familiares. Y esto también es el inicio de algo que queremos que vaya siendo más grande, a futuro tenemos como proyección abrir una ventanita en la Avenida Surco y poner allí los productos. Entonces sí es algo que los motiva mucho, tanto a ellos como a la comunidad educativa, quienes vemos los frutos.

¿Cuál ha sido el principal reto para los estudiantes al volver este año a las aulas y a las clases presenciales?

 

Desde luego la pandemia fue difícil para todos. Creo que para nuestros alumnos fue doblemente duro vivir la pandemia, ya que la mayoría proviene de lugares de bajos recursos, donde sus familias a veces no tienen muchas posibilidades económicas para llevarlos a algún sitio para recrearse o donde puedan desarrollar alguna actividad social o cultural. Han pasado mucho tiempo dentro de sus casas y los ambientes donde ellos se desenvuelven suelen ser pequeños. Entonces primero ha habido un trabajo socio-emocional con ellos, que lo han trabajado tanto las psicólogas como las profesoras de aula y también todo el equipo disciplinario, ha habido un trabajo con la familia también. Los chicos han ido retornando a sus rutinas en el colegio. Al inicio ha habido un tiempo de adaptación con el tema del horario, primero les dimos mucha flexibilidad porque tenían que controlar nuevamente el tiempo desde que salían de sus casas hasta que llegaban. A la entrada, había protocolos de bioseguridad que debían cumplir. Entonces, todo eso era algo nuevo para ellos en el colegio. Hubo un entrenamiento y después todo fluyó, se ha desarrollado bastante bien. Algo muy emotivo para nosotros era que los niños anhelaban y nos decían “Estoy feliz de venir al colegio”. Creo que ha sido positivo en todos los sentidos. Sí ha habido todo un trabajo de parte de las profesoras y de parte de las familias, que ha dado buenos resultados.

 

¿Cómo surge en usted la vocación docente?

 

Desde que era pequeña, me gustaba enseñar y compartir. Sentía que los niños podían seguir desarrollando muchas cosas cuando uno le ponía ganas y creatividad al hecho de compartir lo que tú sabes con otros. Cuando llegué a trabajar a este colegio, fue más lo que los chicos me enseñaron que lo que yo di por ellos. Al tener discapacidad visual, de pronto yo escuchaba que decían “Miss, eres alta” y yo les preguntaba “¿Cómo sabes que soy alta?”. Respondían: “Es que tu voz la siento que viene de arriba”. Entonces ellos asocian algunos elementos del entorno y crean una representación. Considero que eso es lo más importante: hacer felices a las personas que están en nuestro entorno, a los niños y a sus familias también, ofrecerles un lugar donde puedan tener dignidad, donde puedan desarrollar muchas cosas y todo aquello que de repente alguna vez sus papás llevados por un diagnóstico pensaban que sus hijos tal vez no iban a lograr, pero llegan aquí y se encuentran con un equipo de profesionales que les pueden ofrecer oportunidades. Más allá de pensar en qué no pueden hacer, hay que brindarles oportunidades eliminando las barreras, porque hay muchas barreras. Creo que la primera es la actitudinal. A veces hay personas que dicen: “Pero ¿cómo va a ir al colegio si no ve o no camina?” Y son prejuicios. Son cosas que tienen algunas personas incorporadas desde generaciones anteriores y se va transmitiendo. Por ejemplo, estuve llevando un diplomado y una profesora dijo: “Me han llenado el salón de niños autistas”. Cuando tú trabajas en esto, eso te suena duro, porque es el derecho de estos niños a la educación. Uno tiene que prepararse, pero por sobre todas las cosas uno tiene que tener una buena actitud y entender que no les haces un favor, sino respondes a esa necesidad como ser humano.

 

Cuando los estudiantes con discapacidad visual terminan su formación académica y algunos acceden a una educación técnica o superior, ¿cuáles son los principales empleos en los que ellos y ellas suelen desempeñarse?

 

Cuando solo tienen discapacidad visual, sea ceguera o baja visión, empiezan en el C.E.B.E. San Francisco y luego hacen inclusión educativa, entonces se van a escuelas de educación básica regular, algunos entre tercero y sexto de primaria, después continúan la secundaria y luego muchos optan por la música, también hay locutores, abogados, masajistas. Recientemente han consultado si podían ser catadores de café. También he visto que hay varias chicas que están estudiando psicología. Aquí nosotros preparamos a los chicos para la vida, aunque la vida se vive día a día y allí es que vas aprendiendo, pero aquí están los primeros años de vida, luego van creciendo y aquí también se les da herramientas a ellos y a sus familias, porque cuando a los padres les dan la noticia de que un niño con discapacidad viene en camino, no es fácil al inicio. Viene un tema de aceptación y de decir “¿Qué voy a hacer? ¿Ahora dónde voy a ir?”. Y luego cuando tocan las puertas del colegio, se dan cuenta que no era tan difícil como ellos pensaban, que así como ellos hay otras familias que comparten sentimientos parecidos y que también tienen hijos con características muy parecidas y que aquí encuentran un hogar que responde a esas características.

 

Al conocer de cerca a los niños y niñas con discapacidad visual, ¿qué crees que nos hace falta como sociedad para integrarlos y empoderarlos más?

 

Nos hace falta conocer todas las cosas de lo que ellos son capaces y entender que es una cuestión de derechos, que todos tenemos derecho a tener una vida digna, a desarrollarnos de acuerdo a nuestras características, a ser respetados en la diversidad. En los seres humanos cada uno es diverso y nos hace falta ser más empáticos y más respetuosos.

Entrevista a Hermana Luzvinda Domínguez, de la Congregación de Hermanas Franciscanas

Cuéntenos cómo trabaja la Congregación de Hermanas Franciscanas en este centro educativo.

 

Este año estoy acompañando en la tutoría del colegio. Se va trabajando a través de la gestión. El lema que nos caracteriza es “Hacer siempre el bien”, entonces todos vamos empoderándonos para llegar a la paz y el bien. Si nos damos cuenta, los niños ya están formados en ese camino. Entonces si nosotros trabajamos para hacer siempre el bien, los niños van a estar felices.

 

¿Cuáles son las principales enseñanzas de San Francisco de Asís que se llevan a cabo en este colegio?

 

El primer valor es el sentido de fraternidad. Aquí todos nos queremos, todos somos hermanos. Esa es la principal labor que las hermanas han ido sembrando, siguiendo el ejemplo de San Francisco de Asís. Y también se enseña el cuidado de la naturaleza. El ambiente tiene que ser presentable para los niños, para que ellos se sientan contentos en todos los ambientes donde se relacionan. Esos dos valores son primordiales, así como la alegría, porque ellos tienen que disfrutar de todo lo que vienen recibiendo. Y creo que es el testimonio que los mismos niños van dando. Cuando tú les preguntas cómo están, están felices, se quieren entre ellos, en este colegio no existe bullying. Las profesoras también se quieren y hay un buen clima laboral. Eso ayuda muchísimo a que la educación sea más fluida y que nuestro lema de “Hacer siempre el bien” se haga realidad. El bien lo hacen no solo las hermanas, sino también los laicos y los bienhechores, como 3Love, el Club de Leones y otras entidades que nos van apoyando. Entonces el bien se hace entre toda la sociedad y eso es lo que quisiéramos que se amplíe a todos los colegios.

 

Entrevista realizada por Juan Carlos Ugarelli

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