Rodrigo Flores es un Psicólogo Licenciado peruano con estudios de maestría en Psicología Clínica y Docencia para la Educación Superior. Él integra el equipo psicológico y la comisión de Salud Mental en la asociación Más Igualdad, la cual lucha por el bienestar de las personas y las familias compuestas por personas LGBTIQ+. En esta entrevista para el blog de 3Love Inc., conversamos sobre los principales avances y retos pendientes en la lucha del reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTQI+ en América Latina, las actividades que realizan en su asociación a favor de la salud mental de las personas LGBTIQ+, la importancia de celebrar el mes del orgullo, entre otros temas.
¿Cuáles crees que son los principales avances en la lucha del reconocimiento de los derechos de la comunidad LGBTQI+ en América Latina en los últimos 20 años?
Ha habido avances bastante significativos en la década pasada principalmente. Entre los derechos que se han ido reconociendo para las personas LGBTQI+ está el derecho al matrimonio igualitario, el cual reconoce que toda pareja del mismo sexo tiene derecho a formar una familia y tener un proyecto de vida juntos. Eso es algo que se ha ido reconociendo en diferentes países. Actualmente Argentina, Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Uruguay y Chile cuentan con una figura de matrimonio igualitario. Los demás países como Bolivia, Cuba, El Salvador y Perú no tienen una figura de reconocimiento para personas del mismo sexo, pero en algunos casos sí hay figuras alternativas, como la unión de hecho o la unión civil. En algunos casos como Perú está como proyecto de ley, pero todavía no se ha logrado aprobar. A la par de Perú se encuentran República Dominicana y Venezuela, donde no existe ningún tipo de figura legal respecto a ello. A pesar de eso, podemos ver que sí hay varios países en la región que durante la década pasada y un poco antes han ido reconociendo eso. Con respecto al derecho a la identidad de género, en 2009 los países pioneros en el reconocimiento de este derecho para las personas trans fueron Uruguay y Brasil. Pero un país que siempre ha sido muy emblemático en la protección legal que le da a la identidad de las personas trans es Argentina, que logró aprobar una ley de identidad de género en 2012. Y después de eso se han ido sumando otros países como Colombia, Bolivia, Ecuador y Chile. Entonces, sin duda creo que eso ha sido un gran avance para dos de las principales demandas de los diferentes colectivos de la sociedad civil LGBTQI+.
¿Cuáles son los retos pendientes en esta lucha del reconocimiento de los derechos?
Últimamente hay una mayor preocupación por sacar diferentes leyes que reconozcan los crímenes de odio, es decir, crímenes que están motivados principalmente porque la persona es LGBTQI+ y también el poder criminalizar las prácticas de conversión, como se les conoce a los esfuerzos por intentar cambiar la identidad o expresión o la orientación sexual de las personas. Eso es algo que se está discutiendo hoy en día todavía y que no se ha logrado aprobar o está presente en muy pocos países. Brasil y Ecuador ya tienen una regulación expresa. Se ha sumado recientemente México, pero fuera de eso no ha habido mayor reconocimiento. Si bien se puede notar que ha habido un avance en el reconocimiento de varios derechos en América Latina, lo cierto es que hoy en día todavía existen muchos países donde no solamente la diversidad sexual y de género está desprotegida, sino que también en muchos casos es criminalizada. Por ejemplo, en zonas de América Central y el Caribe la diversidad sexual es criminalizada. En países como Antigua y Barbuda, Barbados, Dominica, Granada, Guyana, Jamaica, entre otros, existen leyes que criminalizan la diversidad sexual con diferentes grados y modalidades, pero que en muchos casos puede incluir la cárcel para las personas, de 5 a 15 años. Entonces todavía hay lugares donde existe la criminalización o bien otros donde se está viendo que cualquier iniciativa que reconozca derechos es derogada o bloqueada por diferentes grupos conservadores y reaccionarios. Entre ellos, está el caso de Perú, donde todavía no hay ninguna ley que haya sido discutida en el Pleno del Congreso y que se haya podido aprobar. Sabemos que ha habido iniciativas al respecto, ha habido una propuesta de ley de identidad de género y otra de matrimonio igualitario en los Congresos pasados, pero ninguna de ellas ha prosperado y hasta el momento ninguna se ha aprobado.
¿Y en el caso de Perú qué retos pendientes encontramos?
En el escenario peruano, hay muchos retos en general. Lo más sonado en los últimos años desde que empezaron a organizarse mejor estos movimientos reaccionarios y ultraconservadores, fue la batalla que hubo en torno a la educación. Estos discursos anti derechos se centran en impedir cualquier tipo de educación sexual integral, que incluya una mirada que valore la diversidad sexual y de género. Entonces ahí hay una gran dificultad, ya que hoy en día se ha instaurado esta narrativa de la “ideología de género”, que supuestamente quiere homosexualizar a los niños. Es muy complicado que pueda existir hoy en día un avance hacia una educación sexual integral que incluya un enfoque de diversidad sexual y de género donde se hable en los colegios y se normalice que es una expresión más de la sexualidad humana. Esto es muy lejano hoy en día. Entonces es un gran reto porque muchas veces la discriminación y la violencia que sufren las personas LGBTQI+ están basadas en estos estereotipos y prejuicios. Por otro lado, otro reto que es importantísimo es el derecho negado a la identidad de las personas trans, porque no existe en Perú ninguna ley de identidad de género que reconozca que las personas trans necesitan una vía administrativa para poder hacer los cambios necesarios en sus documentos de identidad para que estos reflejen quiénes son realmente, porque sin ese acceso lo único que les queda es una vía judicial. O sea, para que una persona trans pueda hacer hoy algún cambio en su documento, que incluye el cambio de nombre o el cambio de sexo, no puede hacer un trámite como cualquier persona, sino que prácticamente tiene que demandar al Estado peruano para que pueda hacer este cambio y esto expone a las personas trans a un proceso muchas veces larguísimo. Además, muchas veces los jueces someten a las personas trans a tratos y solicitudes denigrantes, como pedirles fotos de su cuerpo o exigirles haber pasado por una operación, etc. Finalmente eso vuelve a revictimizar a las personas trans y les niega de manera sencilla el acceso a su identidad. Si tú no tienes un documento que represente realmente quién eres se te cierran muchas puertas. Si una persona trans no puede tener un documento que refleje quién es, no va a poder después acceder a la salud, la educación o cualquier otro servicio que nosotros sí podemos, porque contamos con ese documento. Por otro lado, también está la necesidad de criminalizar las prácticas de conversión, que es algo que lastimosamente todavía existe en el Perú y en muchas partes de Latinoamérica. Y otro tema pendiente es el matrimonio igualitario, porque existen muchas parejas que han logrado casarse en el extranjero y que aún así, el Estado se niega a registrarlas como un matrimonio, a pesar de que este ya cuenta con todas las formalidades de un país extranjero. Eso pone un gran desafío para que personas que viajaron al extranjero para casarse puedan vivir aquí sus proyectos de vida como lo habían planeado, ya que al entrar al país pierden derechos, por ejemplo a decidir sobre la salud de su pareja o en temas de herencia, entre otras cosas.
Recientemente se publicó un decreto que calificaba como trastorno mental la transexualidad, pero sin ningún sustento científico. ¿De qué manera esa medida podía afectar a la comunidad LGBTQI+ y vulnerar aún más sus derechos?
Este tema es muy importante porque desde Más Igualdad lo hemos tratado de seguir bastante y hemos tenido la oportunidad de participar en algunas reuniones con el Ministerio de Salud, como un soporte técnico al Colegio de Psicólogos en el Perú. En mayo se publicó en el Diario El Peruano un decreto supremo que modificaba el Plan Esencial de Aseguramiento de Salud (PEAS), es decir, es un documento que contiene toda la lista de intervenciones, chequeos, procedimientos, que tienen que ser cubiertos por todas las aseguradoras de salud que existen en el país, ya sean privadas o públicas. El problema fue que los diagnósticos que se incluyeron en esta actualización fueron tomados del CIE10, que es la Clasificación Internacional de Enfermedades, un documento oficial de las Naciones Unidas donde se registran todas las enfermedades y trastornos existentes. Sin embargo, la versión 10 de esa clasificación data de inicios de la década de 1990, es decir, está totalmente desactualizada y desconoce todo el avance que ha habido tanto a nivel científico como en reconocimiento de Derechos Humanos estos últimos años. Entonces, se han tomado unos diagnósticos que existían en esa versión que hoy en día ya no son aplicables, como el trastorno de la identidad sexual o de género, la homosexualidad egodistónica, el travestismo fetichista, entre otros, que patologizan la diversidad. Además, estaban incluidos en el capítulo de los trastornos de comportamiento y trastornos mentales. Al incluir en el PEAS estos diagnósticos de esa versión desactualizada, se ha dado el mensaje de que se está considerando como oficiales diagnósticos que reconocen que la diversidad de género, específicamente en el caso de las personas trans, es algo patológico y enfermo, y que además es una patología de comportamiento o una patología mental, porque justamente es como las clasificaban en esa época. Ahí fue cuando comenzó el problema. Obviamente es un mensaje sumamente peligroso, porque viene del Estado peruano y uno de los múltiples peligros que genera esta medida es que valida todos estos mensajes que buscan patologizar la diversidad. En Más Igualdad hemos recibido algunos casos anónimos de personas que denunciaban que, a raíz de que se publicó este decreto, habían sido hostigadas en sus centros laborales, por ejemplo con preguntas como: “¿Qué opinas de lo que dice el Ministerio de Salud, que ahora eres enfermo?”. O les dicen: “Lo que pasa es que tú tienes problemas. Pero no lo digo yo, lo dice el Estado, el Ministerio de Salud”. Y eso también lo podemos escuchar en algunos medios de comunicación, especialmente en las radios de las regiones, que dicen “Estas personas trastornadas, como las llama el Ministerio de Salud”. Entonces al final se valida y respalda ese tipo de mensajes. Ese es el peligro más grande. Por otro lado, genera una barrera en las personas trans frente al Estado. Ya de por sí la relación entre el Estado peruano y las personas de la diversidad sexual y de género no es una muy buena, porque usualmente cuando vamos a atendernos a algún centro público del Estado la atención que se recibe no es la mejor, muchas veces está cargada de prejuicios y replica esos mensajes de odio. A esa desconfianza que existe se suma una validación de estos mensajes patologizantes por parte del Estado, lo que da como resultado que las personas trans tengan mayor resistencia a ir a buscar servicios de salud. Entonces el daño es bastante grande. Y recordemos que en el Perú no existe ninguna ley que reconozca el derecho a la identidad de las personas trans. Por lo tanto, a una situación ya precaria, que expone a las personas trans a no poder acceder fácilmente a trabajo, educación, etc., por no contar con su documento de identidad, se suma este mensaje patologizante y que expone a las personas trans a mayor riesgo. Incluso en algunos casos se estaba usando ese decreto como argumento para negarles el cambio de nombre o el cambio de sexo en el documento de identidad.
¿Qué medidas se tomaron para poder revertir ese decreto, desde la sociedad civil y las organizaciones que abogan por los derechos de esta comunidad?
La gravedad de la situación hizo que se convocara a una coordinación nacional, que estaba conformada por diferentes organizaciones pro derechos LGBTQI+ y organizaciones defensoras de Derechos Humanos. Esto implicó que haya un trabajo de autogestión de estas diferentes organizaciones, donde también participó Más Igualdad, para que comenzaran a organizarse, nombrar diferentes comisiones y voceros oficiales, para alzar su voz de protesta. Esto hizo que se elaborara un pronunciamiento de la coordinación nacional, que justamente demandaba la derogación de este decreto y también que se asumiera la responsabilidad por el daño que se había causado. Eso hizo que el Ministerio de Salud inicialmente sacara un comunicado en el cual deslindaba de cualquier tipo de patologización, pero que finalmente no implicaba ningún cambio concreto a lo que se había hecho. Entonces la coordinadora nacional acordó que se iban a hacer diferentes manifestaciones y protestas hasta que finalmente se lograra esta derogación. Por eso es que se organizaron diferentes eventos como varios plantones y la lectura de este pronunciamento frente al Ministerio de Salud. Y también se realizaron diferentes reuniones convocadas por el Ministerio, donde se expusieron los términos para que pararan todas estas manifestaciones, porque la consigna era continuar con esta protesta ciudadana mientras el decreto no se derogara. Adicionalmente en Más Igualdad reunimos firmas de profesionales de la salud mental para que alzaran su voz de protesta frente al decreto, las juntamos en una carta oficial y se la mandamos al Ministerio. También nos invitaron a participar como soporte al Colegio de Psicólogos del Perú, para brindar nuestra opinión técnica sobre el decreto.
Eres parte de la organización Más Igualdad. ¿A qué se dedican y cuál es su propósito?
Más Igualdad es una organización que se identifica como feminista interseccional. Buscamos el reconocimiento y visibilidad de las personas LGTBIQ+ en Perú. Por eso abogamos por el reconocimiento de sus derechos en general y también buscamos valorar y visibilizar las familias diversas, es decir, las familias que están compuestas por personas LGTBIQ+. Más Igualdad tiene una historia larga de activismo. Inicialmente comenzó siendo un grupo de activistas jóvenes, en su gran mayoría chicas lesbianas y bisexuales que abogaban en ese momento por la campaña de Unión Civil. Después, con el paso del tiempo, se convirtió en la campaña del matrimonio igualitario en Perú y finalmente alrededor de 2017, se llegó a constituir Más Igualdad con la intención de abarcar más temas. Actualmente Más Igualdad es una asociación que tiene diferentes líneas de trabajo para lograr el objetivo de que el Perú sea un país que valore la diversidad y en el cual las personas LGTBIQ+ gocen de plenos derechos y también sean visibles, tanto ellos como sus familias, sin ningún tipo de miedo o coacción. Dentro de las líneas de trabajo, tenemos la de salud mental, donde buscamos especializarnos específicamente en la salud mental de las personas LGTBIQ+.
¿Qué nos puedes comentar sobre las actividades que realiza la comisión de salud mental en Más Igualdad?
El comité de Salud Mental de Más Igualdad está compuesto principalmente por personas de la asociación que de manera voluntaria realizan diferentes actividades en favor de la salud mental de las personas LGTBIQ+. Lo que buscamos es poder concientizar y realizar acciones que promuevan la salud mental de las personas LGTBIQ+ en su día a día. Sabemos que muchas veces hablamos de salud mental desde un enfoque más académico o intelectual y queremos salir de ese esquema, queremos que la salud mental sea una tarea de todas las personas, porque todos podemos ser agentes de salud mental y que además esta pueda ser identificada y desarrollada en nuestro día a día. Buscamos desarrollar actividades que impliquen un cambio en la vida de las personas, a favor de su salud mental, y además la entendemos como un trabajo comunitario, es decir reconocemos que la salud mental ha sido abordada durante mucho tiempo desde un enfoque más individualista e institucionalista. Por ejemplo cuando hablamos de salud mental seguramente nos vienen a la mente escenas de un manicomio, donde las personas que llegan son recluidas o aisladas. Queremos salir de ese modelo, que es algo que también está pasando a nivel de país porque el Perú está apostando por el modelo de salud mental comunitaria, que busca desinstitucionalizar la atención de la salud mental, salir de los hospitales clásicos e involucrar a la comunidad, o sea el espacio social donde se mueve la persona en su día a día, en la recuperación de esa persona. Por eso nosotros desde Más Igualdad también buscamos implementar ese enfoque, ya no solamente enfocarnos en la intervención cuando hay un problema de salud mental, sino también abordarlo desde la promoción y prevención. Es por eso que hemos realizado diferentes iniciativas que van por ejemplo en alianza con otras organizaciones, tener un pequeño taller o un espacio de conversatorios sobre algunos temas generales, cómo reconocer emociones, técnicas para poder regular mejor nuestras emociones y diferentes actividades que están orientadas a la vocería sobre temas que involucran y afectan la salud mental de las personas LGTBIQ+. En octubre buscamos realizar diferentes actividades que ayuden a conmemorar el Día Mundial de la Salud Mental, que es el 10 de octubre, y que también acompañen a la publicación que vamos a hacer de nuestro segundo estudio de la salud mental de las personas LGTBIQ+ en el contexto peruano. Ahora, dentro de los proyectos de Más Igualdad también hay otras iniciativas enfocadas a la salud mental. Por ejemplo un servicio emblema que tenemos en la asociación es el de Primeros Auxilios Psicológicos “Botiquín Emocional Arcoíris”, que es un servicio gratuito de atención psicológica por chat al cual una persona LGTBIQ+ puede acceder para ser escuchada y que se le brinden algunas herramientas y recomendaciones para que pueda estar mejor. Y por otro lado, está el trabajo de investigación para conocer el perfil y el estado de la salud mental de las personas LGTBIQ+ aquí. Finalmente hacemos un trabajo de formación y capacitación de profesionales de la salud mental y otros profesionales como educadores, sobre el enfoque afirmativo, es decir, una mirada que valora y respeta la diversidad sexual y de género en la intervención psicoterapéutica, pero que también se puede aplicar en el contexto educativo, entre otros escenarios.
En junio se celebró el Mes del Orgullo LGBTQI+. ¿Por qué es importante que en la actualidad se siga celebrando esto?
Es especialmente importante porque todavía existe mucho camino por recorrer respecto al tema de derechos en nuestro país. Lastimosamente dentro de la misma comunidad cada una de las letras del acrónimo tiene su propia realidad y sus propias circunstancias. Hay identidades que tienen derechos básicos restringidos hasta la fecha, como puede ser el derecho a la identidad de las personas trans. Asimismo, estamos viendo en el contexto político actual un crecimiento de estos discursos anti derechos que amenazan no solo con bloquear cualquier tipo de avance, sino que además están tratando de regresar a criterios previos que ya se habían dejado atrás, por ejemplo, respecto a la diversidad sexual y de género. Entonces me parece importantísimo que se siga utilizando una fecha como el orgullo para seguir alzando nuestra voz, para que la sociedad peruana siga recordando que estamos ahí, que somos personas visibles, que ya no tenemos los temores de antes, a pesar de esta arremetida conservadora, no tenemos miedo a manifestarnos y que esto también ayude a que más personas que tal vez se sienten solas, que piensan que no hay nadie más que está pasando una vivencia similar a la suya, puedan encontrar un espacio seguro para empezar a abrazar su identidad.