“En el prójimo está Jesús”

La hermana Celinda nació en Ancash, Perú y desde que se unió a la congregación de las Hermanas de la Misericordia de San Vicente de Paul, decidió dedicar su vida a servir a Dios y a los demás. En diciembre se realizó una actividad navideña para los niños de Lomas Verdes, en Villa María del Triunfo, en Lima- Perú, una comunidad para familias de escasos recursos. En esta entrevista, conversamos con la hermana Celinda sobre esa actividad en la que también participó 3Love y donde se repartieron diversas donaciones, además de llevar alegría a los niños. Asimismo, ella nos comenta sobre la importancia de ayudar al prójimo y comparte sus mayores deseos para 2026.

 

Cuéntenos sobre la actividad que llevaron a cabo en diciembre, donde realizaron donaciones a los niños. ¿Quiénes fueron los beneficiados y cuántas personas participaron?

 

Esta actividad se realizó gracias a unas señoras que pertenecen a un grupo de la parroquia, incluyendo a la señora Zoila, y también participamos las Hermanas de la Misericordia de San Vicente de Paul. Nosotras trabajamos en Lomas Verdes, en Villa María del Triunfo, que es una parte muy alta a la que casi nadie llega. En la actividad había 102 niños. Gracias a Dios, se lograron llevar todas las donaciones, como panetones y regalos. Entonces esos niños en realidad vienen de la parte más alta de esa zona, ahí no hay acceso a movilidad, no hay bus, ellos tienen que caminar o tienen que ir en mototaxi, aquellos que tienen más dinero. Esos niños han sido beneficiados con toda esa ayuda que se les ha dado.

 

¿Qué tipo de donaciones recibieron las personas en esta actividad?

 

Se les repartió chocolate caliente, que fue preparado en el momento por las señoras de la olla común. Nosotras trabajamos siempre con las asistentas sociales. Entonces allí hay un grupo de señoras que ayudaron a cocinar. Después, se donaron panetones pequeños para cada niño junto con la chocolatada, un panetón grande para cada familia y luego para cada niño un juguete, tanto para los niños como para las niñas.

 

¿Por qué considera usted que es importante ayudar al prójimo?

 

Nosotras como Hermanas de la Misericordia de San Vicente de Paul, en cada necesidad, sea espiritual o material, encontramos a Jesús. Y ya que somos Hermanas de la Misericordia y Dios también es misericordioso con nosotros, por eso tratamos de encontrar eso en cada niño, en cada joven, en cada adulto mayor. Y es muy importante no solamente darles algo material, sino también darles algo educativo, para la vida. Nuestro fundador siempre decía: “Hoy te doy de comer, pero si tú tienes manos, también puedes lograr hacer algo”. Y también les motivamos a hacer algo distinto. Por ejemplo, una de las hermanas ha ayudado a un joven de Villa María, ella lo mandaba a la Iglesia y luego ha estudiado en el Pedagógico. Hemos tratado de ayudarle y ahora ya es profesional. Nosotras lo ayudamos y Cristo está ahí, pero queremos que ellos mismos también se solventen alguna vez.

 

¿Cómo nació en usted esta vocación de dedicar su vida a servir a Dios y servir al prójimo?

 

Mis padres son agricultores. Yo soy de Ancash, donde vivía no existía un colegio de secundaria y tuve que ir a la ciudad, a dos horas en auto, para poder ir a la secundaria. Yo no tenía a nadie, pero las hermanas de la Misericordia de San Vicente de Paul tenían un internado para campesinos. Entonces yo estudié allí y vi día a día cómo las hermanas trabajaban con los niños, jóvenes y adultos. Y eso me llamó mucho la atención. Ellas me invitaron a hacer la misión y me quedé, porque me gustó. Yo pensé: “No puedo servir al prójimo yo sola”. Tenía que ser en comunidad, porque así se puede buscar recursos, pedir que te ayuden y siempre hay gente muy buena que te va ayudando, así como por ejemplo la señora Zoilita o 3Love. Hay gente que da. A mí personalmente me gusta buscar sea lo que sea de ayuda, así sea un grano de arroz, pero todo suma. Entonces mi vocación nació allí, porque siempre decían que en el otro, en el prójimo, está Jesús.

 

¿Cuál diría que es la mayor alegría que le ha dado esta vocación a nivel personal?

 

Yo me siento muy feliz porque puedo hacer algo por el otro. Ese servicio que puedo dar. Yo sé que no puedo cambiar el mundo, pero sé que puedo darle una sonrisa a alguien, puedo darle quizás un plato de comida a un adulto mayor. Pero sí me quedo muy triste cuando veo en qué condición viven algunas personas. Por eso, yo siempre siento mucha alegría, cuando al menos puedo dar un granito de arena a alguien, para mí es la mayor satisfacción: ver esa providencia de lo que nosotras hacemos. Alguna vez yo dudé, porque no tenía nada, pero ahora sé que cada vez Dios me enseña: “¿Sabes qué, hermana Celinda? Aquí estoy, no estás sola”. Esa es la mayor alegría.

 

¿Qué obras realizan las Hermanas de la Misericordia de San Vicente de Paul?

 

Las Hermanas de la Misericordia de San Vicente de Paul tienen su casa central en Ancash y allí tienen todas las obras. Entonces nosotras mayormente hemos venido a Lima para estudiar y en Ancash trabajamos con los campesinos. Nosotras traemos a las hermanas a Lima, somos pocas, pero todas venimos aquí con el fin de estudiar en la universidad, tener un título y regresar. Pero cuando hemos venido acá, tampoco nos hemos quedado con los brazos cruzados, sino que hemos ido conociendo gente, Dios lo ha querido así, porque hemos conocido a las asistencias sociales y nos han llevado a La Chanchería en San Juan de Miraflores y a zonas altas. Aquí estudiamos, pero también hacemos esas obras.

 

¿Cuál sería su mayor deseo para el Perú y el mundo en 2026?

 

Uno de los deseos más grandes que yo tengo es la educación y hacer muchas campañas, por ejemplo para evitar la desnutrición de los niños, que la gente también pueda sensibilizarse con los niños y los adultos mayores, porque hay adultos mayores que están muy abandonados. Uno de los deseos que tenemos este año como congregación es trabajar con las madres solteras, que de alguna manera ellas tomen conciencia de lo que están haciendo y de no traer tantos hijos, porque los niños sufren después. Y en cuanto a los jóvenes, trabajamos con ellos en la confirmación y vemos que muchos jóvenes están perdidos en la tecnología, que es muy buena, pero yo creo que a veces no les deja pensar. Y uno de los sueños sería lograr cómo hacemos que los jóvenes no se queden solamente pegados a la tecnología, sino que también la usen para bien y que la usen para Dios, porque se puede hacer mucho.

Share the Post:

Related Posts