Nea Ampuero es una comunicadora y artista multidisciplinaria, con experiencia como clown y performer. Ella utiliza el clown para el “artivismo” (arte + activismo) y así trabajar en colectivo, impulsando proyectos sociales, eco amigables y comunitarios que transformen el mundo a través del amor y el juego. En esta entrevista para el blog de 3Love Inc. conversamos con Nea sobre su experiencia dictando talleres de clown para personas sordas y con Síndrome de Down, los retos y las satisfacciones de crear arte junto a personas con discapacidad, las habilidades que nos permite desarrollar el clown y la importancia de la educación artística para niños y adultos.
Te defines como “artivista”, que es una mezcla de las palabras arte + activismo. ¿En qué consiste ser “artivista”?
Gracias por este espacio. Para mí ser “artivista” es ser un agente activo de la sociedad, es decir, poder crear y generar pensamientos críticos, reflexiones críticas referente a un tema específico: cómo se construye la sociedad, justicia global, temas ambientales, desigualdades, etc. Para mí, estas manifestaciones artísticas y el clown como lenguaje cómico, me ayudan a poder manifestar y expresar cuestionamientos, generar espacios de diálogo, de preguntas, pero a través de la comicidad o de lo que el clown tiene y lo que considero que mi personaje puede envolver con ternura y picardía para poder manifestar un discurso.
Recientemente dictaste un taller de clown para chicos y chicas con Síndrome de Down en Capaz Perú. Cuéntanos cómo fue esta experiencia para los alumnos.
Yo vengo trabajando con Capaz apoyando en la parte de Comunicaciones y también en la parte artística, alineados con la metodología que tiene Capaz para poder dar o generar un espacio que se adapte a distintos tipos de posibilidades. A la par con esta metodología yo traigo el clown, que para mí es una herramienta universal porque hablamos de jugar. Antes yo había tenido una experiencia haciendo juegos teatrales con jóvenes con Síndrome de Down en el grupo Aliados junto a dos profesores de Educación Artística, pero esta vez mi reto era hacerlo yo sola con estos participantes que están entre los 16 y los 26 años. Eran 6 alumnos: 4 hombres y 2 mujeres. Yo tengo experiencia dictando talleres de clown y juego, pero para mí fue un reto, sobre todo, poder modificar y adaptar el ritmo que tiene el clown o el juego, entendiendo las posibilidades que tenía cada una de las personas con Síndrome de Down, porque cada una tiene su diversidad. En el clown hay una herramienta que es la escucha activa, para poder transformar, jugar y disfrutar. Entonces había que acomodar ese ritmo de escucha o de lapso de tiempo para recibir el mensaje. Otra cosa importante fue hablar directamente con los padres y hasta con los alumnos, porque yo siento que muchos de ellos tenían prejuicios. Siempre se dice que el clown se ríe de sí mismo. Muchos de ellos han sufrido bullying dentro de sus escuelas. Entonces había que darles este discurso: “No estás haciendo el ridículo para que otro se burle de ti, sino por el contrario, tú te estás riendo de ti mismo y lo estás aceptando”. Creo que esa fue también una de las partes más importantes, que ellos pudieran recibir ese mensaje, cada uno a su forma y sobre todo sus madres y sus padres. Por ejemplo, había un alumno que se llama Mateo, al que siempre le gusta hablar de Papá Noel y siempre dice “Jo jo jo”, inclusive en escenas dramáticas que había hecho antes. Pero esta vez, como estábamos en verano, yo le decía: “Imagínate que hagamos una escena de un Papá Noel en verano y que se le derritan los helados”. O sea, es agarrar estas particularidades que tiene cada ser humano y poder volcarlas en el juego, hasta en una escena de improvisación. Para mí evidentemente esa experiencia fue muy enriquecedora. Fue muy divertido, porque todos y todas salían riéndose y con ganas de jugar. Los comentarios de los padres eran que los chicos salían de las clases muy hiperactivos, pero ese era el propósito también. Y yo quisiera agregar que también tuve una experiencia de dictar clown a personas sordas.
¿Qué tal fue esa experiencia?
Fue algo que me llegó, yo no lo planifiqué. Abrí un taller con la asociación cultural Trenzar. Una compañera que conocí gracias a Capaz se enteró que yo estaba haciendo este taller y ella es una persona sorda. Me dijo: “¿Puedo estar?”. Y yo le dije: “Sí, claro, pero yo solo sé lo básico de lengua de señas”. Y me dijo: “Yo puedo ir con una amiga que puede ser intérprete”. Y yo le dije: “Pero realmente este curso no lo he diseñado para personas sordas”. Y ella me dijo: “Yo te conozco, confío en ti y no hay otros espacios dentro de la escena artística”. Esa fue una de las cosas que también nos hizo abrir los ojos y en general abrir los parámetros. Ella fue un día y al día siguiente, llegó con otro amigo que es sordo. Entonces al final me quedé con ellos dos y con la intérprete. Éramos como 14 personas en el taller y este sí era un grupo netamente diverso, porque había oyentes y no oyentes. En la clase, aparte de brindarles un lenguaje de juego, este clown tenía un discurso activista, porque el taller se llamaba “Clown en Risastencia”. Era mostrar a los oyentes con los no oyentes, estas compatibilidades que el arte o que el clown también podía abrir si era inclusivo. Para los alumnes que eran oyentes fue un aprendizaje. Y también descubrí las capacidades de las personas sordas con el humor físico. Los ejercicios eran adaptarlos para oyentes y no oyentes. Como decimos en Capaz: “Sí se puede”: sí se puede hacer teatro y sí se puede realizar obras con gente oyente y con gente no oyente. El arte tiene esa capacidad de poder acercar a todes.
¿Cuál fue el mayor aprendizaje para ti al trabajar con personas con discapacidad?
Creo que el mayor aprendizaje para mí, como persona, fue la tolerancia y saber que todas y todos somos capaces. Y como profesional es poder abrir más mi esfera de dinámicas o de enseñanzas para que la cultura o el arte sea más accesible desde el diseño del curso. Y poder aceptar los resultados también, porque todo artista o todo profesor/a, siempre tenemos ese estímulo de que queremos que sea mejor, queremos que se logre el resultado. Entonces hay que tener mucha aceptación y tolerancia cuando trabajamos con personas con discapacidad, hay que creer y confiar.
¿Qué tipo de habilidades les permite desarrollar el clown a las personas?
En base al enfoque que uno maneje con el clown puede ser usado como una herramienta de comunicación, ya sea para desarrollar las habilidades blandas, o alzar más la voz. El clown tiene una cualidad que es la vulnerabilidad, es exponerte, entonces yo creo que es enfrentarte contigo mismo, el clown saca lo más hermoso que tú tienes y también eso desconocido o eso que a veces escondes. A través del juego y la vulnerabilidad muestras eso y lo puedes disfrutar o encontrar mucho placer. Entonces, yo creo que es una herramienta comunicacional y de autoconocimiento. Y es un oficio también, o sea, es una práctica donde tú puedes crear números artísticos, improvisaciones, puedes estar en un escenario o en la calle. Creo que el clown puede ser visto como algo menor, pero en verdad hacen muchas cosas que uno mismo no puede por sí mismo.
Tienes experiencia como profesora de clown, juegos teatrales y actividades relacionadas con el arte. ¿Por qué es importante promover la educación artística desde la niñez?
Porque yo creo que es parte de la energía vital para poder coexistir con todas las personas, con los animales y el ambiente. Es un ingrediente importante que ayuda a fortalecer y a sensibilizar tu parte humana para poder seguir conectando con las otras personas, respetando, escuchando, abrazando o denunciando. Te da esa apertura para poder descubrir también muchas de tus facetas o esferas internas. Y dentro de la educación es clave, para la formación de la niñez, porque vivimos en unas estructuras que a veces nos encajan en un pensamiento específico, pero yo creo que la educación artística te da ese paréntesis o ese respiro y al mismo tiempo te ayuda a ir construyendo tu propio pensamiento, tu propia manera de vivir.
¿Qué genera tanto en niños como en adultos aprender distintas disciplinas artísticas?
Yo creo que genera placer y poder disfrutar lo que uno hace en el presente, poder sentir orgullo de sí mismes cuando realizan algo, a poder conocerse a sí mismes también porque cuando uno se acerca al arte, creo que se activan muchas cosas, a nivel mental, emocional, espiritual y físico. Cualquier tipo de arte ayuda a conectar con uno mismo y con los otres.
Desde el punto de vista del docente, ¿cuál es la mayor satisfacción que te da poder enseñarle clown, teatro y arte a otras personas?
Yo creo que la felicidad es efímera, pero hay un momento de éxtasis, por así decirlo, donde se une ese momento exacto donde uno se siente feliz y se siente pleno consigo mismo y con todo y eso se ve reflejado en los ojos o en la sonrisa o en un llanto. Ese pequeño momento es la manifestación de que algo pasó y como que se regó la plantita que tenía dentro, como que surgió algo. A mí me gusta cuando se genera alguna transformación, dentro suyo o hacia afuera. Y el clown tiene esa habilidad.
¿Qué les dirías a las personas con discapacidad que tienen interés de hacer clown u otras artes escénicas, pero que aún no han tenido la oportunidad de hacerlo? ¿Qué les dirías para motivarlos a que lo intenten?
Depende mucho de las condiciones externas y de las posibilidades de cada persona que quisiera acercarse al arte, ya sea donde vivan o desde su núcleo familiar o cómo son sus costumbres, cómo es su educación. Pero si tienen este despertar o este impulso, pues que busquen las posibilidades que hay y que, al mismo tiempo, exijan que se puedan abrir espacios. En Lima tenemos a Capaz, somos una asociación en la que, de manera autogestionada o con aliados de diferentes instituciones artísticas, se van formando espacios para más personas. Entonces yo creo que sientan en su corazón y confíen con toda su autonomía de decirles a sus acompañantes o a sus padres: “Yo quiero esto”. Sobre todo, que vean espectáculos de teatro, arte, danzas, etc. Yo creo que eso es un acercamiento primario para poder enterarse de que existen muchas cosas y el Perú es un país super diverso. Yo conocí a un niño con autismo que veía videos por YouTube y hacía esculturas con plastilina y creó su canal. A través del internet un profesor lo vio y le dijo: “Oye, yo te puedo enseñar más”. Entonces creo que también puede ser de una manera autodidacta. Y que sigan lo que siente su corazón y que ninguna barrera los deje quedarse en su zona de confort.