El Padre Pablo Gonzáles está al frente de la Parroquia Santa María Madre de la Paz, en Lima, Perú, desde hace 5 años. En esta entrevista para 3Love Inc., conversamos con el Padre sobre la importancia de las redes sociales en la evangelización, las principales enseñanzas del Papa León XIV y sus consejos para que los jóvenes conserven la esperanza y la fe en el panorama actual.
Usted lleva 18 años ejerciendo el sacerdocio. ¿Cómo nació en usted esa vocación?
Es sencillo. Fue una experiencia religiosa.
Usted tiene 5 años como Párroco en Santa María Madre de la Paz. ¿Qué tipo de actividades realizan en esta parroquia en favor del prójimo?
Realizamos actividades religiosas como acompañamiento espiritual, dirección espiritual, asesoramiento espiritual, guía a las parejas, a las familias, asistencia a los más vulnerables, niños, adultos, ancianos, enfermos, a todo aquel vulnerable.
¿Qué proyectos u obras que aún no ha podido realizar en la comunidad le gustaría hacer?
Muchos proyectos y muchas cosas se pueden hacer. Por ejemplo, hacer un centro para el adulto mayor. Usted sabe que existe solo para niños, los padres se van a trabajar y dejan a los niños en una guardería, pero no hay del adulto mayor. Esa población es cada vez más vulnerable porque son de edad avanzada, son gente jubilada, los hijos se van, los dejan a los padres y ellos quedan “a la orfandad”, sin la presencia de los que deberían estar a su lado. Entonces una atención a ese nivel es importante, darles una buena calidad de vida a los ancianos, que nos han enseñado tanto. Por eso es que el Papa Francisco decía: “Aprendan de los mayores, de su experiencia y su paciencia, a no tener los mismos errores en el futuro”.
La parroquia tiene cuentas en Instagram y Facebook. ¿Por qué es importante hoy en día que una institución religiosa tenga presencia en redes sociales?
Si uno ha escuchado bien El camino de la iglesia de Juan Pablo II, el Papa nos ha enseñado cómo tenemos que manejar la evangelización a través de los medios de comunicación, aprender a usar la internet, para que puedan estar más sincronizados la humanidad con la Iglesia y viceversa. Entonces, hay que darles buena utilidad a todos los medios que ayuden a acercar al ser humano con Dios. Las redes sociales o los medios de comunicación están para eso, para acercar. Un lenguaje visual dice muchas cosas, a veces dice mucho más que las palabras. Un gesto que está plasmado en alguna toma fotográfica o en una imagen es la mejor enseñanza que nos queda en la memoria. La primera enseñanza es visual. Las palabras vienen y van, pero la memoria es frágil. En cambio, la imagen y la iconografía queda marcada y se registra en la memoria y el corazón. Entonces la evangelización de los últimos tiempos circula en eso. Tan solo basta recordar por ejemplo al nuevo misionero que tenemos, Carlo Acutis, con las redes sociales, esa también es la presencia de la Iglesia en el mundo.
Desde al año pasado tenemos un nuevo Papa, que es León XIV. ¿Cuál considera usted que son las principales lecciones o ejemplos de vida que él nos da?
Dentro del magisterio del Papa León XIV hay muchas cosas que se puede revalorar y que son actuales. Por ejemplo, el 11 de febrero fue la Jornada Mundial de la Oración bajo la iluminación de la parábola del buen samaritano, o sea, ¿qué es lo que busca la Iglesia? La cercanía con el ser humano. Dios se ha hecho cercano con el ser humano, se encarnó, se hizo hombre, caminó como nosotros y vivió como nosotros, tuvo la experiencia de una persona común y corriente, pero menos en el pecado. Entonces mira la doctrina del Papa, la Iglesia necesita esa cercanía, que el ser humano no se sienta distante de Dios. Dios no está en el cielo, está aquí y Jesús lo dice claramente: “Yo estoy en medio de ustedes”. Tan solo hace falta reconocerlo. Y el reconocimiento justamente se da desde los gestos, desde las palabras, desde la sencillez de la vida. Entonces el Papa León XIV justamente transmite eso, porque a pesar de ser una persona de un nacimiento distinto al nuestro, viviendo aquí en Perú cultivó esa cercanía, vivió la cercanía de la fe del pueblo. Eso es lo que trata de transmitir además el Papa en todas sus audiencias, en todo lo que va haciendo. Pero lastimosamente como es un personaje público, tiene que mantener algunas cosas protocolares y eso definitivamente a cualquier ser humano nos va limitando en todo lo que uno quiere hacer. Por ejemplo, nosotros estamos en el llano de la vida, nos podemos sentar aquí o allá y compartir y hacer la experiencia del trabajo o estar más cerca del enfermo, del necesitado, del vulnerable, es más sencillo, pero cuando ya entras a un ambiente más protocolar, se te hace un poco más complicado, pero ahí está el mensaje del Papa: la cercanía no se debe perder.
En una época de muchos cambios sociales y situaciones difíciles a nivel mundial, ¿cuál sería su consejo para que los jóvenes conserven la esperanza y la fe?
San Pablo lo dijo más claro: “Todo puede pasar, como dice Jesús, pero el amor permanece”. Eso es la esperanza. Nunca perdamos la esperanza, porque las personas, no solo Dios, sino también nuestros padres nos enseñan a amar y nos enseñan a hacer las cosas bien. Dios hace bien todas las cosas y nosotros tenemos la esperanza, que a pesar de vivir en un ambiente tal vez un poco desinteresado, frío, indolente, donde muchos corazones solo buscan poder y dinero, pues aún quedamos el resto de la humanidad. La Iglesia Católica siempre tiene la esperanza de que todos juntos somos personas, somos seres humanos, somos hijos de Dios y, por lo tanto, aprendemos a compartir el pan, aprendemos a compartir lo que Dios nos concede, aprendemos a ser solidarios. Eso es la esperanza: que el mundo sea solidario. O sea, no es solo cuestión de llenarse los bolsillos, como lo hacen muchísimas personas, sino que el corazón sea desprendido. Ese es el mensaje de Jesús: “No guardes nada, aprende a dar, porque dando se recibe más”. Entonces, cada vez que tú eres más generoso, Dios también te da más y eso es la esperanza, que los jóvenes aprendan a ser generosos, que aprenden a tener la esperanza de que con ellos se puede lograr construir el anhelo de Jesús, una sociedad nueva donde nadie sufra la indiferencia, ni la mezquindad, ni el egoísmo ni el aislamiento. Todos somos importantes en la mirada de Dios y mantener esa esperanza de valorar al ser humano es el gesto más grande que uno puede tener. Por eso es que Jesús nos enseña a amarnos, esa es la esperanza más grande, que aprendamos a amarnos y a vivir en ese amor. Termino con esta pequeña reflexión: “El que ama, no hace daño”. Yo tengo la esperanza de que si tú aprendes a amar, no harás daño, en absoluto, ni con el pensamiento, ni con el gesto, ni con las actitudes, mucho menos entrar en un ambiente hostil. Tengo la esperanza de que sí podemos vivir en un ambiente de paz, por eso es que esta parroquia se llama Santa María Madre de la Paz. Entonces mantenemos esto en nuestro corazón y eso es innegociable con nada, ni con el poder, ni con el dinero, ni con nada. Mantener la esperanza y mantener la paz son propios de la riqueza de aquel que tiene su corazón puesto en Dios.
