Con ocasión del Día Internacional de la Madre Tierra, que se conmemora el 22 de abril, en 3Love Inc. queremos compartir tres casos inspiradores de cuidado y protección del medio ambiente en distintos lugares del planeta.
La energía solar transforma las comunidades rurales de Bolivia
En Bolivia, aproximadamente una de cada tres personas reside en zonas rurales, aunque esta proporción va en descenso. Para quienes siguen viviendo en las pequeñas aldeas rurales, el acceso al agua suele depender de bombas de agua que, en su mayoría, funcionan con electricidad. No obstante, la red eléctrica nacional cubre únicamente el 81,5 % de las zonas rurales.
Las comunidades rurales suelen recurrir al diésel o a la madera para satisfacer sus necesidades, entre las que se incluyen regar las granjas y actividades domésticas como hervir agua, cocinar o dar calor al hogar. Sin embargo, el uso de esta clase de combustibles fósiles tiene sus desventajas: suelen ser costosos, incrementan los riesgos para la salud y contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero y a la deforestación.
Verónica Villa es Secretaria de la organización nacional Confederación de Mujeres “Bartolina Sisa” y forma parte de un grupo de mujeres que aprendió a operar los paneles solares que se instalaron en su comunidad para mejorar el acceso a la electricidad y el agua. Desde la instalación de los paneles solares, los agricultores han logrado aumentar significativamente el rendimiento de cultivos como la papa y la cebada gracias a la disponibilidad de recursos hídricos destinados para el riego. “Gracias a este panel solar, todo es natural. Podemos tener agua solo con la luz del sol”, dice Verónica.
La instalación del panel solar fue parte de una iniciativa que contó con el apoyo del PNUD y fue implementado por Practical Action y el Gobierno de Bolivia. El proyecto organizó sesiones de formación que capacitaron a 380 mujeres en el uso y mantenimiento de la tecnología, además de prepararlas para participar en los procesos de toma de decisiones de la comunidad.
Una joven de Zimbabwe contribuye a la gestión sostenible de la fauna silvestre
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la joven zimbabuense Chipo Munsaka explica que su nombre significa “un don”. “Un don para la conservación de la fauna silvestre”, añade ella con una sonrisa radiante. Eso resume perfectamente su compromiso y contribución para abordar el creciente problema de los conflictos entre los seres humanos y la fauna silvestre. Ella se ha propuesto “educar a la comunidad sobre cómo vivir con sus animales y cómo vivir con sus árboles”.
Chipo trabaja como monitora de recursos en el norte de Zimbabwe en el área de conservación comunitaria de Mucheni, que se está estableciendo con el apoyo del programa de gestión sostenible de la fauna silvestre. Además de gestionar la fauna silvestre, el programa fomenta también la plantación de árboles y difunde los conocimientos sobre el valor de su preservación.
Las poblaciones de muchas especies de fauna silvestre en Zimbabwe han ido disminuyendo en los últimos 30 años debido a las sequías consecutivas, la pérdida de hábitat, la caza furtiva y la venta de productos derivados de ella. Al mismo tiempo, los conflictos entre los seres humanos y la fauna silvestre —ya se trate de elefantes que pisotean los cultivos de los aldeanos o de leones y hienas que atacan a sus vacas— siguen planteando múltiples desafíos para las comunidades rurales.
Gestionadas por las propias comunidades, las áreas de conservación proporcionan espacios y corredores seguros para la fauna silvestre mediante la protección del hábitat y la lucha contra la caza furtiva. También promueven la gestión de los recursos naturales dirigida por la comunidad, garantizando la tenencia de la tierra y la distribución de beneficios, al tiempo que ayudan a las comunidades a desarrollar las habilidades para aprovechar nuevas fuentes de ingresos a través de actividades como el ecoturismo, las empresas basadas en la vida silvestre y la recolección sostenible de recursos naturales.
La curación de la isla chilena de Huapi
De acuerdo a la FAO, en una remota isla chilena situada en el centro del lago Ranco, al sur de los Andes, los árboles autóctonos están resurgiendo gracias a los esfuerzos de restauración de los Pueblos Indígenas, uno de cuyos miembros es Anita Neguimán Antillanca.
Al igual que otros mapuches-huilliches de la isla Huapi, ella ha plantado árboles autóctonos para preservar su modo de vida y los conocimientos tradicionales de su pueblo, transmitidos de generación en generación.
Las prácticas insostenibles de uso de la tierra habían transformado el paisaje de la isla. A medida que el bosque autóctono se fragmentaba y era sustituido por especies exóticas como el eucalipto, los suelos se empobrecían y secaban, mienras que la isla y su población se volvían más vulnerables a los efectos del cambio climático. Los cambios en el bosque también redujeron la disponibilidad de agua para beber y regar.
Actualmente, Anita y otras familias están devolviendo la rica variedad de vida vegetal a sus tierras ancestrales utilizando árboles autóctonos, como el laurel, que tienen un valor simbólico para el pueblo mapuche‑huilliche. Esto forma parte de un proyecto innovador centrado en la restauración de los bosques de Chile.