Juan Carlos Riveros es un biólogo peruano que se desempeña como Director Científico de Oceana Perú, la mayor organización internacional dedicada a proteger los océanos del mundo. Como parte de su trayectoria profesional, Juan Carlos se ha especializado en el uso de la ciencia para apoyar la toma de decisiones en materia de energía y adaptación al cambio climático. Con ocasión del Día Mundial de los Océanos, entrevistamos a Juan Carlos para el blog de 3Love Inc., para conversar sobre todo lo que nos ofrecen los mares, los principales problemas que los amenazan y algunas estrategias para crear conciencia sobre su importancia.
Recientemente se conmemoró el Día Mundial de los Océanos. ¿Por qué los océanos son necesarios para la humanidad y el medio ambiente?
Los océanos son parte fundamental de los ciclos geoquímicos que sostienen la vida en el planeta. Si no hubiera océanos, el planeta sería varias veces más caliente. Tampoco tendríamos el ciclo del agua, no tendríamos lluvia. Es decir, la vida sería completamente incompatible en un escenario en el cual no hubiera océanos. Además, los océanos nos brindan una buena parte de las proteínas y sostienen una parte importante de la alimentación de los animales de granja. Entonces, nuestra civilización realmente no podría haber avanzado mucho si no fuera porque los océanos nos proveen los insumos para sostener la expansión de la alimentación y la seguridad alimentaria en general. También contribuyen al tráfico marítimo y el transporte. Sin los océanos sería tremendamente difícil movilizarnos, ya que la superficie del fondo marino no es una cosa uniforme, sino que es muy parecida a los Himalayas. Entonces, sin los océanos no habría vías de comunicación globales, que nos permitirían manejar el comercio y el abastecimiento de alimento. Y finalmente, está el tema de la oportunidad laboral. Alrededor del mundo entre 700 mil y 1 millón de personas dependen del océano como una fuente de trabajo directa. Combinando todos esos elementos tenemos una maquinaria física que regula el clima, que nos provee de oxígeno, almacena carbono, nos ofrece trabajo, nos da alimento. Luego, es hermoso lo que hay abajo en cuanto a biodiversidad y a animales, la majestuosidad de las ballenas, de las mantarrayas que vuelan, los grandes cardúmenes de peces, los pingüinos, las aves marinas, las tortugas. Creo que no hay persona en el mundo que no se sienta entusiasmada o en todo caso impactada por la variedad y las cosas que podemos encontrar en el fondo del mar. Lo más interesante es que en el mar todavía no hemos escarbado ni la superficie y alrededor de dos mil especies nuevas se agregan cada año. El fondo marino no ha sido completamente mapeado, sabemos que hay zonas que ni siquiera hemos podido descender, realmente es la última frontera en términos de nuestro conocimiento. Y además, están apareciendo animales marinos que probablemente en el pasado los hemos visto como basura, pero resulta que esos animalitos, casi siempre babosas marinas, tienen sustancias químicas que ellos generan para defenderse y que no se los coman. Eventualmente esas sustancias químicas sirven de patrones de análisis para poder seguir creando nuevas medicinas e incluso para enfermedades que tal vez aún ni siquiera conocemos. Entonces, es increíble, es una biblioteca de secuencias genéticas, que están ahí, esperando para ser descubiertas y que por tanto tendrían que ser manejadas adecuadamente y protegidas.
En ese contexto, ¿cómo se puede cuidar y proteger a los océanos?
En términos generales, hay tres grandes problemas con los océanos. El primero y más importante es la contaminación. Desgraciadamente, tiene un impacto muy fuerte sobre los océanos, porque, por un lado, siempre los hemos visto como algo que es infinito y gigantesco, y no importa cuánta basura tiremos en él aparentemente el océano sigue ahí, pero hay puntos de saturación. El 90 % del CO2 extra que generamos se mete al océano, se mezcla con el agua marina y causa la adificación del mar, lo cual afecta a las conchas, las cubiertas calcáreas de microorganismos, que son la base de la pirámide alimenticia. Entonces, si esos animalitos no generan sus conchitas y no crecen o se mueren en el camino, lo que pasa es una cascada de colapsos. Estamos viendo que eso ya ocurre a pequeña escala. Y no sería raro que si le metemos más CO2 al mar, termine siendo una cosa más catastrófica. En segundo lugar, la otra contaminación terrible que tenemos es la que llega por los ríos. Históricamente en la mayoría de países los ríos han sido los desagües que han llevado la basura lejos de las ciudades, originalmente lo orgánico, lo doméstico y luego lo industrial, y hoy en día también lo minero y lo agrícola. Los residuos de la minería, los excedentes de los pesticidas y fertilizantes terminan en los mares. Hay cosas que se disuelven o se degradan, porque hay bacterias que hacen ese trabajo, pero otras básicamente entran a formar parte del tejido de los animales y hay peces que lo acumulan o peces que se comen a otro que está contaminado y esa contaminación la absorbe y se la queda en el cuerpo. Hay evidencias de peces que están contaminados con Ibuprofenos, antibióticos, residuos tóxicos de la agricultura o colorantes de la industria alimentaria. Todo eso va al mar y luego regresa a nuestra mesa. Y sobre ese problema que es la contaminación, vienen los plásticos y los residuos sólidos. En los plásticos hemos visto que hay evidencias de que causan daños tremendos en la biodiversidad que pueden acumularse y que pueden generar malformaciones genéticas. Curiosamente no son las botellas o los grandes plásticos, sino son los microplásticos, los que vienen de las fibras de nuestra ropa sintética, los que se salen de las llantas, con el trajín se micropulveriza y eso por el viento, por los sistemas de limpieza, por los rellenos sanitarios mal hechos, terminan en el mar y esos microplásticos son tremendamente tóxicos, son dañinos para los peces, se les pegan en las branquias, hay algunos casos de animales en los cuales se han encontrado esos plásticos ya no solo en el sistema digestivo, sino en el sistema circulatorio y eventualmente los químicos asociados a estos plásticos pasan a la carne. Y obviamente si uno come el pescaso casi crudo, como en un rico ceviche, estamos bastante expuestos a esto, sobre todo en lo que son mariscos. Se han encontrado metales pesados como mercurio y cadmio en toyos y algunos tiburones. Esos metales pesados vienen de la actividad minera.
El segundo problema es la pesca ilegal. En el mundo se estima que al menos un tercio de todo el pescado desembarcado o no está registrado o no está documentado o simplemente es ilegal. Es decir, se pescó en un lugar que estaba prohibido o con un método de pesca que no era permitido. Ahí tenemos pesca en áreas protegidas, pescas con explosivos, pesca de animales que están en veda, que están preñados o que están por debajo de la talla. Por un lado, el gran problema es la falta de información de las personas involucradas. Hay mucha gente que hace pesca ilegal sin saber que es ilegal, por ignorancia o por necesidad. Y la otra parte del problema es la falta de control. En un país como el nuestro en particular que tiene más de 100 puntos oficiales de desembarco, en la práctica solo cuidamos o vigilamos alrededor de 50, no hay control ni fiscalización. Aparte de eso tenemos toda una infraestructura legal que fomenta ese tipo de pesca, tenemos flotas de larga distancia que no tienen buenas regulaciones y no solo desde el punto de vista del manejo, sino también laboral. Hay casos documentados de barcos que no han tocado puerto en tres años, en los cuales la gente es enganchada en Indonesia o Filipinas y nunca se les deja bajar, se les quita los pasaportes y los tienen como esclavos. Y por último, está la sobrepesca, lo cual ocurre cuando la velocidad con la cual tú extraes el recurso es mayor a la velocidad con la cual se repone. Así hemos tenido varias pesquerías en el mundo que han colapsado. Ahora bien, en los últimos 40 años hemos aprendido la lección, ahora se regula mejor. Perú al menos es un ejemplo global de lo que es el manejo pesquero, tenemos una pesquería bastante bien manejada. Hay una perspectiva halagadora, en parte por la presión de los mercados que exigen cada vez más cuidado, los consumidores tienden a ser más inteligentes porque están mejor informados y prefieren tener pescado que sea trazable, que no sea ilegal y se está poniendo cada vez más de moda la necesidad del comercio justo. Es decir, ya no solamente compro el pescado porque tiene una etiqueta que dice que es sostenible, sino por ejemplo que ese pescado ha sido obtenido por un trabajador de la pesca artesanal. Es interesante cómo el sector pesquero artesanal es mucho más consciente de sus necesidades y de sus retos.
La tercera gran amenaza es el cambio climático, el cual cambia la distribución de los stocks. En el Perú, nosotros tenemos el fenómeno de El Niño y es como el trailer o el avance del cambio climático. Y tenemos que adaptarnos. Obviamente para la industria es muy complicado adaptarse a estas circunstancias. Entonces hay que pensar qué estrategias, qué alternativas, qué va a pasar después, hay que tener una previsión ahí. Los pescadores artesanales la tienen un poco más fácil porque tienen la inventiva, lo que le llaman el ingenio peruano, ellos se adaptan rápido. No es tan sencillo, pero se pueden encontrar recursos de oportunidad y posibilidades para salvaguardar ese problema, pero aún así se requiere apoyo del Estado y una visión de conjunto. Hay una serie de problemas relacionados con el cambio climático que van más allá de lo meramente climático, sino tiene que ver con oferta, demanda, elasticidad de precios y la infraestructura, porque de nada te sirve tener mil toneladas de langosta entrando en el norte, si solo hay 4 cámaras frigoríficas o no hay las condiciones idóneas para asegurar la sanidad del producto, para mandarlo a Lima o exportarlo. Entonces seguimos tapando huecos y el cambio climático es algo que ya está “facturado”, simplemente es cuestión de esperar a que nos entreguen el producto. Creo que estamos bastante rezagados en términos de adaptación y de cómo preparar o cómo mejorar nuestra industria y a nuestra pesca artesanal ante los eventos que puedan suceder en el futuro.
¿Qué tipo de campañas y actividades realizan en Oceana a favor de los océanos?
A nivel global hay de todo. Oceana tiene el lema “Salvar los océanos para alimentar al mundo”. Nuestra lógica de intervención es que si aseguramos que los océanos sean saludables en aspectos generales (menos contaminación, mejor manejo), van a proveer alimento para más personas. Si hoy en día 700 mil u 800 mil personas se alimentan de los océanos, podríamos llegar hasta 1 millón 400 mil. Nuestras evaluaciones en países de África han encontrado que, si estos países mejoran su capacidad para manejar bien sus stocks, para hacer por ejemplo que el pescado en vez de convertise en harina para dárselo de comer a los pollos se convierta de frente en pescado que es utilizable para la alimentación humana de manera directa, puede tener mucho más impacto nutricional en países que necesitan esos nutrientes. Incluso en nuestro país, es una de las ironías que tenemos, que exportamos anchoveta y básicamente exportamos proteínas, que son lo que más necesitan los niños en buena parte del país. Creemos que podemos trabajar para que el pescado nutritivo sea accesible para la gente. Y en el caso de Perú, nosotros trabajamos por campañas que son esfuerzos de 3 a 5 años para hacer cambio de políticas principalmente. Nuestro enfoque es en apoyar modificaciones legales basadas en evidencia, en ciencia, con un detallado o evidente impacto social. Por ejemplo en los últimos años hemos trabajado para reducir el tráfico ilegal de especies. Con otras organizaciones, hemos logrado pasar leyes para que las sanciones para el tráfico ilegal sean mucho mayores, con el fin de contener la explotación de recursos que son exportados ilegalmente, como los caballitos de mar, las mantarrayas, las aletas de tiburones, etc. También hemos trabajado la ley de plásticos de un solo uso en una alianza con docenas de organizaciones y el Estado, porque la intención era reducir la producción de plásticos de un solo uso, a tal punto que hoy se produce menos de un tercio de lo que se producía en 2018. Hemos estado empujando fuertemente leyes para proteger las 5 millas de la mano con los pescadores artesanales, porque las primeras 5 millas son los espacios donde se produce la mayor parte del alimento que consumimos, son los puntos que hay que proteger precisamente para asegurar la productividad marina. La mayor parte de lo que comemos en el Perú viene de las primeras 5 millas, entonces estamos promoviendo eso con los pescadores, apoyando en el Congreso, llevando investigadores, proponiendo esquemas de comunicación y educación a través de medios no tradicionales, como las redes sociales, que son las que consumen la gente joven y ellos son los que mueven el activismo y la toma de decisiones.
Aparte, hemos tenido bastante receptividad del Estado para apoyar en temas de promoción, sobre todo de trazabilidad y de vigilancia, porque la trazabilidad es una herramienta con la que uno se asegura el origen legal de los productos. No es que desaparezca lo ilegal, pero al menos creamos una situación en la cual es posible que a través de toda la cadena de valor podamos saber de dónde vino el pescado, quién lo pescó, a dónde va y cómo llega a la mesa. Si esa trazabilidad se puede blindar para el ingreso de productos ilegales, hemos ganado. Al final no solo se beneficia el medio ambiente, sino también se beneficia el pescador artesanal. Además, promovemos la adopción del sistema de seguimiento satelital y a nivel global hace varios años hicimos una alianza con dos compañías que usan imágenes satelitales y se creó Global Fishing Watch. Es una plataforma pública, donde tú puedes ver los movimientos de todas las flotas pesqueras del mundo. Esta herramienta está vigilando constantemente quién pesca, dónde pesca y gracias a ello, podemos saber por ejemplo si hay pesca ilegal de flotas extranjeras en nuestras fronteras, cuáles son las rutas de potencial colisión con ballenas y los riesgos en general para las especies más amenazadas del planeta. Nos permite ver dónde están las flotas y ver si cumplen las leyes. Obviamente en algunos casos esto lleva a sanciones o por lo menos a una llamada de atención a los países, porque deberían tener mejor control. Tener herramientas como Global Fishing Watch y otras nos ayudan a tener una mejor vigilancia de los océanos y a que eventualmente sean mejor manejados.
¿Cómo se puede sensibilizar a la población, especialmente a los niños y jóvenes, sobre la importancia de proteger a los océanos?
Para niños y jóvenes lo más importante es una exposición temprana a los océanos. Una de las cosas claves aquí son los documentales, como “Océanos con David Attenborough”, que es una absoluta maravilla y está en Disney+. A lo largo de los últimos años, he visto muchos esfuerzos de colegios y ONGs, en la costa sobre todo, de producir materiales, juegos, libros para colorear, cuentos sobre temas marinos, etc. Otro tema importante es el contacto físico, la posibilidad de ir al mar y a la playa, en el sentido de conectar, de asociarlo a experiencias positivas en la vida y ahí el siguiente paso es el deporte, o sea, conectar al niño con un deporte acuático o marino de preferencia, que puede ser la tabla, el boogie board, el voley en la arena, lo que sea, pero hacer que su vida tenga un contacto frecuente con el mar. Si ve el mar, lo va a amar. El buceo, el scuba diving, a pulmón con una máscara y un snorkel, eso te conecta de manera definitiva y para siempre con el océano. Tiene que ir de la información a la experiencia y que eso sea frecuente, que sea rutinario, que sea un proceso que se conecte con las otras cosas buenas de su vida, sus amigos, su familia, la pareja. Cuando vas haciendo una conexión, el mar se convierte en un miembro más de tu familia, en tu confidente. Si vas al malecón, hay gente que va, se sienta, mira al mar y literalmente se sana. Yo creo que es un tipo de experiencia que conecta a la gente, pero se tiene que construir desde niños, primero con la exposición y luego con una formación e información más estructurada, entender estos temas, ir a conferencias, charlas, hablar con la gente. Yo no creo que haya nada malo con referencia al mar. Todos tenemos la oportunidad de ir al mar, es como una placenta enorme y es volver a conectar con la naturaleza. Tal vez no es para todos, tal vez hay gente que le tenga miedo o no tienen recursos, o no puede acceder, pero creo que es importantísimo que para un país que tiene casi 3 mil kms. de costa, la gente se conecte con el mar. Tenemos a tres cuartas partes de la población peruana en la costa y no todos han tenido esa oportunidad maravillosa de acercarse al mar y conectar con él.
