El Día Internacional de la Energía Limpia se conmemora el 26 de enero con el fin de crear conciencia entre la población y movilizar esfuerzos hacia una transición justa e inclusiva hacia la energía limpia en beneficio de las personas y el planeta.
¿Qué es la energía limpia?
La energía limpia se refiere a aquellas fuentes de energía que no emiten gases de efecto invernadero ni otros contaminantes durante su producción. En cambio, la energía verde proviene exclusivamente de fuentes naturales. Pero la energía limpia puede abarcar tanto fuentes renovables como no renovables.
Una buena manera de recordar qué tipo de energía se considera “limpia” es pensar en el “aire limpio”. La energía limpia procede de fuentes que no emiten contaminantes a la atmósfera como dióxido de carbono, metano y óxido nitroso.
Energía limpia para todas las personas
La energía afronta un doble desafío: no dejar a nadie atrás y proteger el planeta Tierra. Y para conseguirlo, la energía limpia es clave.
En un mundo que se enfrenta a la amenaza del cambio climático, la energía limpia reduce emisiones y tiene la capacidad de distribuir electricidad en aquellas comunidades que carecen de acceso a fuentes de energía confiables. En la actualidad 666 millones de personas viven en la más absoluta oscuridad; más del 85% se encuentran en el África subsahariana.
La conexión entre energía limpia, desarrollo socioeconómico y sostenibilidad ambiental es crucial para abordar los problemas que deben enfrentar las comunidades vulnerables en todo el mundo.
Por ejemplo, en las poblaciones sin acceso a energía limpia, la falta de seguridad de suministro energético obstaculiza la educación, la atención médica y las oportunidades económicas, y muchas de estas regiones en desarrollo todavía dependen en gran medida de combustibles fósiles contaminantes para su vida diaria, lo que perpetúa la pobreza. Se estima que más de 1500 millones de personas que viven en zonas rurales siguen utilizando sistemas de cocina inseguros, insalubres e ineficientes, como la quema de leña o estiércol. Más crítico es el caso del África subsahariana, en donde el número de personas sin acceso a métodos de cocción limpios sigue aumentando a un ritmo de 14 millones de personas al año debido al crecimiento demográfico.
Aunque la situación ha mejorado gradualmente, el mundo aún está lejos de alcanzar el Objetivo de Desarrollo Sostenible 7 de las Naciones Unidas, que busca garantizar el acceso a una energía asequible, fiable, sostenible y moderna para todos en el año 2030.
Como aspecto positivo, se están logrando avances notables en la transición a las energías limpias. La capacidad instalada de energías renovables per cápita ha seguido creciendo cada año, alcanzando un nuevo máximo de 341 vatios por habitante en los países en desarrollo, frente a los 155 vatios de 2015.
Energía limpia para nuestro planeta
El reto de adoptar energías limpias también es crítico en la lucha contra el cambio climático.
Una gran cantidad de los gases de efecto invernadero que cubren la Tierra y atrapan el calor del sol se generan debido a la producción de energía, mediante la quema de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) con el objetivo de generar electricidad y calor.
La ciencia es clara al respecto: si queremos limitar el cambio climático, debemos evitar depender tanto de los combustibles fósiles e invertir más en fuentes de energía alternativas que sean limpias, accesibles, asequibles económicamente, sostenibles y confiables. Las fuentes de energías renovables, que se encuentran en abundancia en nuestro entorno, ya sean aportadas por el sol, el viento, el agua, los residuos o el mismo calor de la Tierra, son renovadas por la propia naturaleza y emiten pocos contaminantes (o ninguno) o gases de efecto invernadero en el aire.
Asimismo, mejorar la eficiencia energética es clave. Se trata de consumir menos energía para obtener los mismos resultados, mediante tecnologías más eficientes en los sectores del transporte, la vivienda, el alumbrado y los aparatos eléctricos. Se ahorra dinero, se contamina menos y se contribuye a garantizar el acceso universal a la energía sostenible.
